
No creo que ningún pavo real envidie la cola de otro pavo real, porque todo pavo real está convencido de que su cola es la mejor del mundo. La consecuencia es que los pavos reales son aves apacibles. Imagínense lo desdichada que sería la vida de un pavo real si se le hubiera enseñado que está mal tener buena opinión de sí mismo. Cada vez que viera a otro pavo real desplegar su cola, se diría: "No debo pensar que mi cola es mejor que ésa, porque eso sería de presumidos, pero ¡cómo me gustaría que lo fuera! ¡Ese odioso pavo está convencido de que es magnífico!¿Le arranco unas cuantas plumas? Así ya no tendría que preocuparme de que me compararan con él". Hasta puede que le tendiera una trampa para demostrar que era un mal pavo real, de conducta indigna de su especie, y denunciarlo a las autoridades. Poco a poco, establecería el principio de que los pavos reales con colas especialmente bellas son casi siempre malos, y que los buenos gobernantes del reino de los pavos reales deberían favorecer a las aves humildes, con sólo unas cuantas plumas fláccidas en la cola. Una vez establecido este principio, haría condenar a muerte a los pavos más bellos, y al final las colas espléndidas serían sólo un recuerdo borroso del pasado. Así es la victoria de la envidia disfrazada de moralidad. Pero cuando todo pavo real se cree más espléndido que los demás, toda esa represión es innecesaria. Cada pavo real espera ganar el primer premio en el concurso, y cada uno, viendo la pava que le ha tocado en suerte, está convencido de haberlo ganado.
La Conquista de la Felicidad . Bertrand Russell.
Comentarios » Ir a formulario
Autor: ja
Fecha: 01/04/2008 22:01.
![]()
Autor: Gerardo
Fecha: 02/04/2008 11:51.
![]()
Autor: C.S.
Fecha: 02/04/2008 17:20.




