La expiación del espectador

Esto más que una crítica, es una recomendación. Además, dejo claro que no soy ningún crítico de cine especializado ni una rata de alcantarilla cinematográfica. Me dejo llevar por mis instintos y sentimientos, por las cuatro películas que vi, los cero libros de cine que leí y poco más. Si quieren seguirla, absténganse de convertirse en el verdadero chivo expiatorio de esta película, que no es otro que el espectador medio que se deja sus chelines en taquilla encandilado por un título inflado de nominaciones y laureado por la Crítica.
Basada en un best seller homónimo de Ian McEwan que no he leído -ni falta que hace, una película -como una traducción- es, para mí, una obra nueva que apenas la idea y cuatro cosas debe al original- cuenta la desafortunada historia de amor de una especie de enamorados –el criado guapo pobre e inteligente y la guapa rica rebelde- que se ve truncada por la mentira de una niña rubia, precoz escritora, remilgada y educada en los más rectos principios morales. En realidad, la niña ya tiene edad para sentir y como no hay de otra, le gusta el criado guapo pobre e inteligente y como este prefiere llevarse a su hermana mayor a lo oscurito de la biblioteca, ésta en cuanto que tiene oportunidad, los fastidia de por vida. Todo en una noble mansión en la Inglaterra de los años en los que se preparaba la segunda gran guerra.
Los cinco buenos minutos de Vanessa Redgrave llegan al final cuando poco se pude hacer. En medio queda el episodio de Dunquerque y la tragedia de los soldados que salieron por patas de Francia tras la ocupación nazi. Una fotografía vista y revista, narrada en un lenguaje cinematográfico de alta escuela que diría un entendido – Director: Joe Wright el mismo que hizo “Orgullo y Prejuicio”-, una banda sonora particular inspirada en el tecleo de máquinas de escribir de Ameli (Yan Tiersen), la guapa y fría y flaca Keira Nightley (la rica) y McAvoy (el criado) que medio se salva con su actuación y, poco más: un corte de pelo, una verruguita y unos nórdicos ojos azules.
Por eso hasta los delicados aclaman a John Rambo, porque al contrario que ésta, no defrauda al que paga su entrada, o al menos al que no le pagan por escribir; todo lo contrario de los entendidos.
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Autor: Gerardo
Fecha: 15/02/2008 08:36.




