LA RÉMORA VICTIMISTA

20071127131436-problem.gifLos ciudadanos reclaman autonomía para sacar adelante proyectos de mejora particular, y rechazan la custodia de mesías como los que reinan aún en un par de países comunistas y buena parte de los Estados islámicos. En nuestras sociedades el lucro sólo tiene los límites del delito, que empiezan a complementarse estableciendo pautas ecológicas para la producción y el consumo. Esto viene de que no queremos abolir sino preservar la libre competencia, pues la igualdad que deseamos no es igualdad de ideas, costumbres, rentas o empleo del tiempo, sino igualdad ante la ley. Thomas Jefferson advertía –ya en 1781- que pedir otra igualación conduce al lecho de Procusto: “como hay peligro de que los hombres grandes ganen a los pequeños hágase a todos del mismo tamaño, estirando a los segundos y cortando a los primeros”
La izquierda debería preguntarse por qué este particular momento de la historia humana le resulta tan frustrante.[..]

La noble virtud de ayudar al pobre no debe confundirse con una defensa de la pobreza como virtud, pues en vez de ayudar realmente a que la miseria se reduzca el resultado de dicha confusión será una trama, progresivamente corrupta, de organizaciones dedicadas a exprimir el evangelio del victimismo. Tras preconizar mesiánicos repartos de la justicia, que una y otra vez desembocaron en feroces repartos de la injusticia, ¿por qué no defender cauces cada vez menos tramposos para acceder a la riqueza, como reformas viables del sistema fiscal, o inyecciones de democracia directa para aquellos asuntos donde la ciudadanía y la clase política tienen intereses divergentes? [..]
Aligerada de resentimiento, y capaz de mirar cara a cara el mundo, la propia izquierda tiene sin duda cosas últiles que decir. Pero una primacía de “lo social” sobre “lo económico” es simplismo tendencioso, basado en una contraposición falaz de lo público y lo privado. Lo privado resulta tan “social” como lo público, y la tarea del pensamiento crítico en este orden de cosas no es promover credos maniqueos, sino deslindar entre lo miserable de ciertas culturas (como las dominadas por inmoralismo familista, o por algún fanatismo) y culturas de lo miserable (como grupos singularmente ajenos a hábitos de laboriosidad y previsión, o la propia ideología victimista).


Escohotado, quién si no.
Martes, 27 de Noviembre de 2007 15:10

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