De buenos criminales y malos padres de familia

No he encontrado mejor manera de volver a este blog que tantos buenos momentos nos ha hecho pasar a muchos, sobre todo a su creador, aunque a éste, que se propone aparentemente a cambiar definitivamente de aires, también le habrá dado no pocos quebraderos de cabeza, como la tierra se los da al campesino y la mar al marinero.
Vuelve Ridley Scott a la gran pantalla y dicen que huele a Oscar pero no quizás sea por falta de competencia, este sagrado principio liberal, cuya creencia es la mayor parte de las veces un puro acto de fe por más que nos vendan gato por liebre.
En el Harlem del cambio de década hacia los setenta la heroína le hace agradable a no pocos muchachos lo que a todas luces parecía una vida pobre y miserable. El negocio de las drogas, viejo donde los haya, vive amparado como siempre por los poderosos. La policía corta la droga que incauta y la vende al mayoreo, los intermediarios la cortan otra vez y los yonquis acababan metiéndose algo con un 20 o 30 % de pureza porque el resto era leche en polvo o polvos de talco, ladrillo molido incluso puso algún iluminado en los años ochenta españoles que no vendía chutes sino ladrillazos. Déjate de ávidos proveedores muchacho, busca la fuente de la vida en su origen, ve a comprarle la miel a la abeja reina, te hará un buen precio. El resto, el momento, la guerra, la astucia, y las ganas de ganar dinero arriesgando lo necesario. Todo a cargo de un gangster particular sin grandes ademanes ni frases de hielo, un gangster americano.
En una peli de gangsters tampoco puede faltar la policía, pero como Richie Roberts (Russell Crowe) ya vimos muchos polis, la interpretación del otrora gladiador, magistral, el papel de persona incorruptible, alentador, pero poco más pese a que la idea del director fue contrabalancear los papeles protagonistas y sólo 8 minutos de diferencia tienen en pantalla. El gangster Frank Lucas (Denzel Washington)–Ridley se sirvió de los relatos del verdadero mafioso que asistió a todos los rodajes- está obviamente más logrado, excepto al final donde se diluye en un desenlace sin complicaciones y musiquita ligera. Un hombre hecho a sí mismo, chófer y brazo derecho del capo Bumpy Jonhson, al que sucedería como buen alumno superando al maestro. La discreción, la sangre fría y un objetivo claro, claves del éxito para un gánster negro criado en la calle, nada de corleones ni familias sicilianas llenas de códigos de conducta refinada, gente de barrio que aprendió a jugar sucio respetando el orden lógico de la competencia para ganar ofreciendo productos de mejor calidad a menor precio, fácil el método, bye a los intermediarios - y así acabarán claro-. Yo me lo guiso, yo me lo como, una vez más el gran sueño. Lo primero si me hago rico será ponerle una mansión a mi madre, yo también lo haría.
Al margen del mano a mano de estos dos pesos pesados, el reparto no deja de ser acertado, no faltan la mujer abnegada, la sugerente Lymari Nadal, la madre implacable, los hermanos débiles y el chófer leal y silencioso.
Una de las virtudes de la cinta, que por lo menos la convierte en toda una obra maestra, es su formidable contextualización. Los lances de un y otro personaje se suceden tras el telón de fondo de dos de los episodios más controvertidos de la Historia contemporánea. Ambos son otros dos sueños convertidos en pesadillas, el primero la heroína, inventada para vencer la adicción a la morfina y registrada por los laboratorios Bayer - los de la aspirina- terminó conviertiéndose en la más letal y adictiva de las drogas. La segunda pesadilla fue Vietnam siempre materia fácil de los detractores del Imperio, más ahora que al gigante empiezan a convertírsele los pies en barro y el sueño de América empieza a ser más que nunca eso, un sueño, hasta para los propios norteamericanos. Claro que el viejo Ridley, el director, es caballero del Imperio inglés. En televisiones, radios, bares, hogares, la guerra se vivía día a día y por primera vez en directo. A esto ya nos hemos acostumbrado, pero a la sazón todo parecía eso, una cruenta película en blanco y negro.
Al que pase por taquilla para aumentar la recaudación de este film que ya alcanza cifras que mi cartera no concibe, encontrará al Ridley del Gladiador, con una fotografía pulidísima, llena de imborrables detalles, mucha azúcar, un sándwich como cena de acción de gracias, una música envolvente y unos escenarios sencillamente perfectos.No es el Ridley de los replicantes, el otro día la gocé por enésima vez alentado por el anuncio de la salida del Director’s Cut dicen que -bueno dice Prada y si lo dice él me lo creo- definitivo. Lo dicho, son casi tres horas que no le defraudarán, la tensión creciente, la intriga frugal pero atractiva, tiros en la cabeza previsibles que en un género como éste siempre funcionan y que no por (re)vistos desmerecen la cinta.
El cine tiene la capacidad -por suerte o por desgracia- de hacer héroes a criminales y malos padres a la gente honesta.
Autor: JR Gracia
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Autor: Luis Amezaga
Fecha: 19/11/2007 18:37.
Autor: Armando
Como yo lo veo -creo que aquí no se estrena hasta este viernes-: es una apuesta segura de un Scott que hace décadas que no sabe cómo hacerlo.
Una propuesta nada arriesgada, trufada de tópicos y con dos buenos actores para curarse en salud, nada nuevo bajo el sol.
Para mafias alejadas de la iconografía mediterránea y clerical 'Promesas del Este', eso sí es algo nuevo; y para mafias de barrio de gente que aprendió a jugar sucio me acuerdo ahora de 'El clan de los irlandeses'
PS: Tiene que ver 'Los Duelistas', más que nada para certificar que Scott dejó de ser un buen director con Thelma & Louise
Fecha: 20/11/2007 08:42.
Autor: Jr.
"Es extraordinario como de un modo u otro, este hombre se las ha arreglado para introducirse en mis más hondos sentimientos"
Un abrazo
Fecha: 20/11/2007 11:51.




