EL ASESINATO DE JESSE JAMES POR EL COBARDE ROBERT FORD o Cocina a Fuego Lento

De sobra es conocido por las cuatro admiradoras que aún me soportan que en este rincón catódico profesamos especial devoción por el Western pero, sobre todo, por algunas de sus legendarias figuras y alguno de sus títulos más emblemáticos.
Género esencial en la consolidación del cine como fenómeno de masas así como en la creación de un imaginario colectivo fundamental para la afirmación de una nación aparentemente tan heterogénea como los Estados Unidos, lleva ya varias décadas en las que, al ser casi imposible añadir nada nuevo a lo ya dicho sólo los mejores, o los más osados se atrevían a asomarse.

Andrew Dominic -que con esta película ya está entre los mejores- toma el plano final de Centauros del Desierto para relatarnos sin prisa, con aparente calma la historia del más famoso forajido del Oeste, pero, más allá, la del mayor cobarde en la cultura popular americana.
Cuenta la progresiva desintegración de una leyenda en vida y el ascenso, deslumbrante y efímero, de un idólatra forzosamente mediocre; cuenta cómo la paranoia y la monomanía vencen a un hombre excepcional y lo hace contraponiendo la inevitable extinción de James a la creciente y humana mezcla de envidia y veneración de Robert Ford.
Los hermanos James alcanzaron tal nivel de notoriedad probablemente por ser los primeros ladrones de bancos a gran escala tras la guerra civil americana (1861-1865). Es por esto que la historia del asesinato de Jesse a manos de los hermanos Ford mientras aquel limpiaba -o cambiaba o miraba o ...- una fotografía en el salón de su casa es parte sobradamente conocida de los mitos del Far West, quizá por eso el título adelante deliberadamente no sólo la historia que vamos a presenciar sino también su moraleja: Assassination es poco menos que un magnicidio; y quien lo lleva a cabo no puede ser más que un cobarde que pagará por su infame acto.
Las más de dos horas y media de película en ningún momento se hacen pesadas porque la historia que relata; la fotografía y la música con la que se describe; la calma tensa que desprende cada secuencia; la belleza mínimalista de los paisajes y, por encima de todo, el trabajo de los actores -secundarios como Sam Sephard o Sam Rockwell, o los principales: Brad Pitt interpretando a ese tipo de personaje que le va perfecto y, por encima de todos, un Casey Affleck (tomen buena nota) sencillamente genial- hacen de esta película otra encarecida recomendación.
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Autor: Santiago Navajas
Fecha: 14/11/2007 13:53.
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Autor: Rosenrod
Un saludo!
Fecha: 15/11/2007 00:31.
Autor: Armando
Luis, yo me hice vaquero en las peñas. Haciendo emboscadas a los indios de Manolo y Juanillo, luego vinieron las tardes en el brasero. Con Padre.
Fecha: 15/11/2007 09:27.



