Cada cabra en su corral
No puedo negarle que como al Sr. Keen tanta "simiesca desvergüenza" me produzca, no pocas veces, cierta aversión, empalago humano, y puedo entender que este ímpetu por banalizar la información o la comunicación entre algunas gentes, a otras gentes les provoque cierto desasosiego.
Pero tampoco le puedo negar que es obvio y perceptible el miedo no, el pavor que las fuerzas económicas tradicionales de algunos sectores (desde un medio de comunicación a una agencia de viajes) sienten frente al reto de la Internet, de la libertad al acceso informativo, y de la aparición de millones de nuevas empresas – o de millones de pseudoperiodistas, pseudodirectores, pseudocríticos, en fin, aficionados- que poco a poco se hacen con un mercado nuevo, el digital, al que todo producto, idea u oportunidad, como si de un punto de fuga se tratase, parece condenado a converger.
Y quien dice economía, dice política, poder, elite, y quién puede negar que hasta nuestros días la elite económica, política e intelectual haya disfrutado de un acceso privilegiado a la información, a los saberes, a los temas de palacio. La hoz, la ignorancia y el martillo eran para otros. Y cuando estos dijeron se acabó, tembló el mundo, pero no cambio nada, porque la condición humana ya había sembrado el camino a seguir, acceso al poder de nuevas elites, corrupción de las mismas –porque dicen que todo poder corrompe, aunque a algunos simplemete los obnubila- y vuelta al corralito.
Por eso, no me extraña que los dueños hoy del corralito –sobre todo político- sientan que se les escapa la situación de las manos, y por eso no me extraña que los periodistas de toda la vida estén echando chispas porque les vengan a quitar el pan nuestro de cada día.
A pesar de todo le confieso que creo que Internet, los bloggers, cuando menos asustan - que no es poco y hasta alentador- pero igual y después de tanto ruido todo será cáscara vacía, espuma que se llevarán las olas, pero igual tiene razón y también quede grano, y con ello cosecha para el futuro.
Sea como sea, pensar que en 2010 habrá 500 millones de criaturas pegadas a un ordenador cada uno diciendo una cosa para comunicarse con el resto de los seres humanos no es muy poético que digamos, ¿o sí? Esto me recuerda a Ionesco y lo absurdo como mejor manera de comprender al hombre, pero no me inclino a pensar que esos 500 millones sean en definitiva 500 rinocerontes atrincherados en sus mentes autárquicas.
Alguno se escapará, yo de momento ya tengo mi Bérenges en la Generación Red.
Por ello aplaudo su iniciativa, y la de tantos otros que quieren alzar su voz, sea narcisismo o voluntad de hacerse oír, sea para decir algo o para decir nada porque de la nada es de lo que más nos queda que decir, sea para que los que no teníamos derecho a enterarnos de las cosas, tengamos si quiera la oportunidad de creer que podemos.
Pero no se olvide, si su revolución triunfa, si la voz del que tiene que decir algo y lo dice con talento se oye fuera del corralito, una última piedra quedará en el camino, la más humana y por ello más difícil de erradicar, esa piedra que todo lo convierte en sectario, en ceguera, esa piedra pesada de la autocensura, que encierra a cada cabra en su propio corral.
PS. Esto, que en principio era un simple comentario se ha convertido en una colaboración, el o la que quiera seguir el hilo puede empezar por aquí.
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Autor: Armando
No subestime a los grandes que siempre se las han apañado bien. No tardaron mucho en controlar a Jesús y a la Imprenta así que no las tengo todas conmigo.
'Y cuando estos dijeron se acabó, tembló el mundo, pero no cambio nada, porque la condición humana ya había sembrado el camino a seguir, acceso al poder de nuevas elites, corrupción de las mismas y vuelta al corralito' No se puede decir mejor.
Fecha: 27/06/2007 11:43.
Autor: Baba O'Riley
Fecha: 27/06/2007 12:15.




