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Corrían mediados de los setenta. África acababa de entrar en la época de sus dos décadas más oscuras. Guerras civiles, revueltas, golpes de Estado, masacres y, junto a ello, el hambre que empezaron a padecer millones de personas que habitaban en el territorio del Sahel (África Occidental) y en África Oriental (sobre todo en Sudán Chad, Etiopía y Somalia): estos eran algunos de los síntomas de la crisis. Se había acabado la época llena de promesas y esperanzas de los años cincuenta y sesenta. En su transcurso, la mayoría de los países del continente se había liberado del colonialismo y había empezado una nueva andadura de Estados independientes. En las ciencias políticas y sociales de aquellos años predominaba en el mundo la idea generalizada de que la libertad automáticamente traería bienestar, de que de un soplo, en un santiamén, la libertad convertiría la pobreza antigua en un mundo donde manaría leche y miel. Así lo sostenían los sabios más grandes de aquellos años y parecía que no había motivos para no creerles, tanto más cuanto que sus profecías ¡sonaban de una manera tan seductora!

[...]


El gobierno de Amín se prolongó durante ocho años. Según fuentes diversas, el mariscal vitalicio asesinó entre ciento cincuenta y trescientas mil personas. Luego, él mismo provocó su caída. Una de sus obsesiones radicaba en el odio que sentía por el presidente de la vecina Tanzania, Julius Nyerere. A finales de 1978, Amín atacó aquel país. El ejército de Tanzania respondió. Regimientos de Nyerere entraron en Uganda. Amín huyó a Libia y luego se instaló en Arabia Saudí, que de esta manera le pagó por sus servicios la expansión del islam. El ejército de Amín se dispersó; una parte se dedicó al bandidaje. Las pérdidas militares de Tanzania en aquella guerra se elevaron a un tanque.

Ébano. Ryszard Kapuściński

 

Martes, 08 de Mayo de 2007 20:19

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Autor: Baba O'Riley

Es difícil conseguir una radiografía de África más certera y humana que la que consigue Kapuscinski en este "Ébano". Liberal en esencia, aunque con una gran sensibilidad social, sobretodo por la pobreza en el mundo. Una lastima que nos haya dejado recientemente, los genios como el escasean.
Si quiere ahondar tibiamente en las barbaridades de Amin Dada, le recomiendo humildemente "Payasos y monstruos" de Sánchez Piñol (si, el de La pell freda), que realiza un exhaustivo recuento de las aberraciones y esperpentos que perpetraron esa retahíla de dictadores africanos que surgieron tras el dominio colonial.

Fecha: 09/05/2007 10:11.


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