EL JINETE PÁLIDO o La Confirmación de Eastwood
Si hay una película que espero con terca ansiedad, por la que siento algo parecido a la pueril zozobra que me provocaban los trailers de El Señor de los Anillos o, iluso de mí, cada nueva entrega de la prescindible precuela de la Guerra de las Galaxias, esa película es Flags of our Fathers
Y, para ir calentando, me he acercado a una de las deudas pendientes que tenía con el mejor director americano vivo
-lo cual es casi como decir el mejor director vivo-.
En 1985 Eastwood volvía a las raíces del cine con un western que recuperaba la temática clásica: un pequeño asentamiento minero es hostigado constantemente por los hombres de LaHood, un rico propietario que posee todo el valle excepto el arroyo que sirve de base a los mineros. Cuando la presión es insoportable, después de una última y cruenta advertencia por parte de los hombres de LaHood, aparece "El Predicador" un misterioso jinete solitario, parco en palabras, "apareció de pronto un caballo claro y el nombre de su jinete era la muerte", mientras la joven Megan reza pidiendo ayuda a Dios.
La película empieza con secuencias alternativas de un grupo de pistoleros a galope tendido por praderas y bosques otoñales del norte californiano y la aparentemente apacible vida en el pequeño campamento minero. La tranquilidad es rota cuando ambas convergen y los jinetes saquean el asentamiento. A partir de ahí la película despliega los más recurrentes tópicos del cine del oeste, pero al igual que es el torero el único capaz de convertir el reiterativo espectáculo en arte, subyugando al toro y llevándolo por donde le ordena, es Eastwood el que nos empuja a la repetición de argumentos para recogernos con suavidad a veces, con violencia las más y dejarnos en lugar seguro con la sensación de que no puede ser tan sencillo como aparenta. Y no lo es, porque poco después nos vuelve a arrastrar al mismo sitio, pero por otro camino. Esto, que a partir de esta película es seña de identidad, alcanzará el cénit en Mystic River o Los Puentes de Madison.
Quizá el rasgo más llamativo y original de la película es la convivencia de un toque fantástico, onírico -todas las apariciones del predicador están envueltas en misterio, no se sabe de donde viene, por qué viene, o a donde va, pero siempre le acompaña un aura de Justo Vengador, heredada de Leone- en el tratamiento de El Predicador y un registro realista, a veces crudo, en la puesta en escena -me llama mucho la atención una escena en la que Megan, la muchacha, es forzada por el hijo de LaHood, pero en una secuencia de 3 ó 4 minutos no aparece más que en un plano de apenas unos segundos, picados y contrapicados del violador e Eastwood refuerzan el aire sobrenatural del Predicador. Escena que para mí resume todas las virtudes de la película ya que el tema eterno del rescate de la mujer desvalida está tratado con un lenguaje absolutamente moderno: sexo, violencia, realismo y misticismo-.
El duelo final entre El Predicador y Stockburn -Marshall corrupto contratado por LaHood para eliminar a los "rebeldes"- es la confirmación de la personalidad de Eastwood y su ruptura con Leone y Siegel. En largas secuencias llenas de tensión y calma, el predicador va eliminando uno a uno a los esbirros de Stockburn, sin las excentricidades tan del gusto de Leone que convertían sus westerns en parodias, ni las ensaladas de tiros y explosiones de Siegel; lo hace con calma, sin recrearse, casi sutilmente, muerte y violencia no se esconden, sí, pero no hay deleite en ello y sobrevienen por imposición externa no por un afán expreso.
En definitiva EL Jinete Pálido es un excepcional western al que no hay que acercarse como a tal, si no como una reflexión sobre la violencia y sus consecuencias, la soledad y la indefensión ante el poder; y es, cómo no, la antesala de la excepcional Sin Perdón.
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Autor: Jr.
Para los que gusten de otras industrias no tan lejanas si quieren, u otras miradas vecinas de los gringos, les propongo "Babel" tercer y último eslabón de una trilogía que comenzó con "Amores perros" y continuó con "21 gramos" de los mexicanos Alejandro Gonzalez Iñárritu y Guillermo Arriaga, ambos director y guionista respectivamente. Para mí, de lo mejorcito que se puede ver de cine, ahora sí, americano.
Saludos
Fecha: 05/12/2006 17:26.
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Autor: Luis Amezaga
Fecha: 05/12/2006 17:50.
Autor: Armando
Amigo JR, no puedo más que secundar su recomendación, no tanto 21 gramos que se me hizo reiterativa y un tanto hueca -aunque una película correcta=buena en los tiempos que corren-, Babel no la he visto.
Son Mexicanos, como Del Toro, Cuarón, Rodríguez pero también están dentro de lo que yo llamaba "Americano", a fin de cuentas, ¿de dónde sale el dinero y una buena parte del reparto?
Lógicamente no puedo más que reafirmarme en mi posición.
Fecha: 06/12/2006 18:32.
Autor: JR
Saludos
Fecha: 06/12/2006 20:06.
Autor: Armando
Fecha: 06/12/2006 20:28.
Autor: JR
Fecha: 07/12/2006 17:13.
Autor: Armando
Y sí, cierta frustación he de reconocer en la falta de implicación de la parroquia.
Gracias como siempre
Fecha: 07/12/2006 17:59.




