HOMO SUM, HUMANI NIHIL A ME ALIENUM PUTO

El primer recuerdo que tengo es del año noventa y cuatro, lo trajo mi padre junto con un vago recuerdo de Antonio Herrero y un análisis crítico de la realidad política, un especial que recopilaba las noticias más destacadas de los cinco primeros años del periódico El Mundo, no entendía muy bien de que iba la cosa pero sí recuerdo el impacto -en el sentido de ser consciente de lo que estaba leyendo- que noticias como el crimen de Puerto Urraco, análisis como el de la primera guerra del golfo y, como no, los primeros perfiles políticos y sociales, que me causó aquella lectura apenas comprensible. Desde entonces, y sobre todo a partir de los años en Sevilla, se ha convertido en mi periódico, a veces le soy infiel pero sólo por seguir los consejos de Sun Tzu . Allí he saboreado las perlas del ocaso de Umbral; me he deleitado con la lucidez histórica de Raúl del Pozo; he disfrutado como un niño insolente y descarado con las diatribas de Federico, he descubierto que en mi tierra hay personas desgarradoramente sensatas como JA Gómez Marín; he aprendido que las opiniones contrarias pueden ser respetables a pesar de Javier Ortiz o Antonio Gala; y he querido ser de mayor Carlos Boyero. En definitiva que ha ejercido una influencia decisiva en la construcción de mi pensamiento político y, por tanto, vital.
Es por todo esto que al leer el discurso que Pedro J hizo en el acto de entrega del Premio Montaigne me ha vuelto a parecer hoy un más que digno referente al que seguir con atención y del que aprender cada día. He sentido admiración sincera y por eso doy eco a sus palabras por boca de Montaigne.
[..] No me extraña incluso que, para echar su cuarto a espadas, hubiera quien sacara de la inmensa arca de Noé de los Ensayos a aquel "cochinillo de Pirrón" que, al permanecer impasible sobre la cubierta del barco mientras los pasajeros temblaban aterrados por la tempestad, impulsaba a Montaigne a interrogarse: "¿Para qué conocer las cosas, si así perdemos el reposo y la tranquilidad de la que gozaríamos de otra manera?" Pero apenas diez líneas más abajo llega la respuesta: "¡Quiera Dios que jamás el dolor tenga tanto ascendiente sobre mí, como para impedirme discurrir y hablar de él!"
[..] ¡Qué afortunados debemos de considerarnos al vivir en una época en la que la tecnología ha disparado la eficacia de esta aventura sin límite que es la exploración del pensamiento y la experiencia ajenos!"
[..] Distancia y cercanía. Acceso desapasionado al Poder. He aquí la mejor receta para cualquier director de periódico
[..] No me domina pasión alguna ni de odio ni de amor hacia los grandes; ni tengo mi voluntad comprometida por ofensa o agravio particular. Miro a nuestros reyes con simple afecto legítimo y civil, ni movido ni desviado por intereses privados.
[..] Hipérides, en cuya boca pone Montaigne algo que desde El Mundo hemos repetido tropecientas veces a políticos confundidos y empresarios dispuestos a arreglar lo suyo "Srs, no tengáis en cuenta si hablo con gran libertad, sino si lo hago sin tomar nada a cambio y sin sacar provecho para mis asuntos" Es decir, que esta manera de vivir es un fin en sí mismo, que preferimos un noticia en exclusiva a una concesión de televisión analógica y que quien resulte favorecido por nuestra leal crítica al poder, tales servicios siempre le saldrán gratis.
[..] De lo que se trata, en definitiva, es de si existe o no -como yo creo que existe- una ética de la objetividad que se nutre de la realidad de lo ocurrido. De si antes de llegar al relativismo de las apreciaciones existe o no -como yo creo que existe- un territorio decisivo en el que la prensa puede cambiar el curso de los acontecimientos, aportando escuetamente el fruto de sus investigaciones: señores esto es lo que hay.
[..] "Cada cual ha de jurarse a sí mismo lo que los reyes de Egipto hacían jurar solemnemente a los jueces: que no se desviarían de su deber fuere cual fuere lo orden que ellos mismos le dieren" Sin melodrama de ninguna clase -nada aborrecería tanto Montaigne como el melodrama-, más bien con la serenidad de quien sabe que una vez que la flecha está en el arco debe de partir, yo suscribo ese juramento, superior a los lazos del mercado, de la ideología, de la sangre, de la amistad o enemistad, del odio o el amor, e incluso del placer y del dolor.
Quién sabe si no son más que palabras, ¡pero qué palabras!
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Autor: luis amezaga
El ocaso de Umbral es para muchos de nosotros una cúspide inalcanzable.
Fecha: 23/05/2006 16:18.
Autor: Jr.
Y sí Sr. Amezaga, cuanto daríamos algunos por vestir nuestro ocaso -o umbral- con tanta luz.
Saludos.
Fecha: 23/05/2006 18:36.




