MIS ABUELOS


Ayer me puse a escribir un artículo sobre mi familia, con la mala fortuna que cuando lo tenía casi terminado se fue la conexión y perdí todo lo que tenía escrito.

 

En él escribía sobre mis abuelos, creo que se merecen que les brindemos un pequeño homenaje ahora que tenemos la suerte de tenerlos con nosotros, yo por lo menos quiero decirles lo que han influido en mi vida y lo que siento por ellos.

Desde pequeño, me ha gustado rodearme de las personas mayores, eso me ha marcado mucho la personalidad como sabe la gente que me conoce, mis charlas sobre la vida de antes con Lolo o Juanete, mi tráfico de gallinas y conejos con el Sema, Consuelillo o Aurelia; los frescos con mis abuelas en los que Faustilla o Antonia me contaban sus picardías y chascarrillos y que tanto enfadaban a mis padres… Algunos dicen: -Pareces un viejo. No me importa, yo solo creo que debí nacer en otra época.

 

Mi decisión de hablar de mis abuelos me llegó en esos momentos en que te embriaga la melancolía y te acuerdas de las personas que tienen gran significado para ti, y comencé a darle vueltas a la cabeza y decidí que mis abuelos se merecían este insignificante reconocimiento por parte de su nieto intentando, en vano, pagar todo lo que han hecho ellos por mi.

 

Yo tengo una memoria sorprendente y suelo quedarme con las conversaciones que mantengo con la gente y luego aparecen las rases en mi mente en el momento adecuado, un día estaba en la almendra con mi primo Pedro y me dijo una frase que nunca se me olvidará: -A los abuelos hay que respetarlos más que a los padres ya que estamos vivos gracias a ellos. Es lo único de lo que me ha dicho en lo que le hago caso.

 

Quisiera empezar hablando de mi abuelo Chico, creo que debe estar en primera posición por ser el patriarca y porque ahora mismo es el que se encuentra un poco mas delicado.

Muchos son los recuerdos que me asaltan si busco en mi niñez y todos bonitos y entrañables para mí; cuando sembrábamos las patatas, las regábamos y, luego las recogíamos; Cuando intentábamos inútilmente criar los pollitos de los faisanes. ¿Te acuerdas Armando cuando nos dio la cacarina con los cuatro pollos? Mis primeros cuatro pollos; o los domingos comiendo el arroz que hacía, en el jardín. ¡Cuántos recuerdos! Las tertulias en las que me contaba de quién era tal o cual tierra, o a quién se la había vendido, o sobre la guerra. Ahora me apena estar a su lado y no poder entablar una conversación, siempre sentado en tu silla. Abuelo, quiero volver a sembrar contigo las habas, volver a podar los rosales o que simplemente me digas a quien vendió don Rafael los olivos de dehesa… le pido a Dios que te no te haga sufrir en esta situación que estas viviendo que te de fuerzas, un abrazo muy fuerte, te queremos, no lo olvides.

 

Mi abuelo Baldomero, es una de las personas que más me han influido en mi vida, siempre he intentado fijarme en él. Para mí, ha sido todo un ejemplo de cariño hacia sus hijas, su mujer. Siempre ha estado ahí cuando lo hemos necesitado, con su gramática parda, como él dice, pero siempre al pie del cañón. Me ha enseñado muchas cosas sobre la tierra, a matar los cerdos, a comerme el pescado o a lavarme las manos antes de comer. Pero lo que más admiro de él y de mi abuela Antonia es que puedo hablar con ellos de cualquier tema con toda confianza. ¡Ay, cuantas cosas podrías enseñarnos si fueras un poco mejor maestro! Pero yo te admiro como eres y te quiero dar las gracias porque estás en los momentos difíciles. Sigue con esa fuerza y esa vitalidad que tienes que seguir dando guerra muchos años.

 

¡Qué difícil se me hace decir lo que siento por ti, abuela María! siempre ha habido entre nosotros una relación un poco complicada por eso de que yo he sido más de los baldomeros. Has creído que yo no te quería lo suficiente y yo, que tu eras la que no me comprendías. Un día, de pequeño te pregunté que si es que querías más a mi hermano o a Pedro Alberto y me dijiste una frase que no se me olvida y que con el tiempo he comprendido: -Hijo ¿qué dedo te cortas que no te duela? Esa frase te la devuelvo yo hoy. Quiero que sepas que te quiero y que he aprendido a encontrar tus virtudes, que dentro de esa coraza que formas a tu alrededor intentas equivocadamente unir una familia que se empieza a desquebrajar, quizá has confundido las formas pero no el fondo, El tiempo me ha hecho ver que tu vida no ha sido entre algodones como la gente cree y que se esconden por ahí muchas espinas, y he aprendido a quererte y a entenderte, aunque a veces sea tan difícil. Y se que el cariño es recíproco, que las tardes en que nos íbamos a pasear por el campo, o a tomarnos un helado o a ver el río hemos sido abuela y nieto. Un beso, te quiero.

 

Y que puedo decir de mi querida abuela Antonia, si con ella sobran las palabras, nunca podré agradecerle lo suficiente todo lo que ha hecho por mi, todo lo que me ha mimado, siempre defendiéndome, haciéndome a escondidas de mi abuelo la comida que me gustaba, dándome la copilla de gloria… De ti tengo mucho, mis ganas de cantar y bailar a todas horas, mi humor pícaro, además de una capacidad innata para ahogarme en un vaso de agua (herencia directa a mi querida madre y luego a mí) y la lágrima siempre en el ojo. Pero lo que siento por ti es especial y quiero que lo sepas, aunque ya lo sabes. También como yo necesitas sentirte querida y mimada algunas veces. Quédate con nosotros muchos años, ¡siete besazos abuela!

Y no podía pasar por alto a Juanete y Antonia. Yo siempre digo que tengo mucha suerte por que tengo tres abuelos, y ellos lo son para mí. ¡Qué pena Juan! cuántas cosas me contabas en los tajos de la aceituna cuando me llevabas como un perrillo faldero siempre detrás tuya, y cuántas anécdotas y chascarrillos se han quedado sin contar, te mando un beso hasta el cielo.

 

Con Antonia, la relación es extraña. Siempre a habido un filin especial entre ambos que ha hecho que yo me sienta su nieto y ella mi abuela. Mientras hacemos la matanza o dulces, que sólo basta mirarnos para entendernos. Recuerdo una matanza haciendo morcillas y una vez hecha la masa volvimos a echarle más pan y especias , decía Piedad a mi madre – míralos ya están otra vez echándole cosas- y mi madre dijo- déjalos ellos se entienden-. De ella, me admira su mano para la cocina, tiene ese punto que logran pocas mujeres en que mirar el guiso o acariciar los alimentos hacen que salga una comida exquisita con cuatro ingredientes, mi madre ha sido su seguidora en este aspecto, y pronto llegará también a ese punto. Solo recordarte que no estas sola, que tienes tu familia y a nosotros que también somos tu familia. Un abrazo fuerte.


 

Autor: Abraham Morcillo

Domingo, 14 de Mayo de 2006 22:29 Autor: Abraham. #. Tema: Cartas.

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Autor: rosa

no puedo, de ningún modo, reprimir las lagrimas mientras leo este homenaje tan merecido a tus abuelos incluidos Antonia y Juanete. Estoy muy orgullosa de tener un hijo con esta CALIDAD HUMANA.Os quiero,siempre.

Fecha: 14/05/2006 23:00.


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Autor: luis amezaga

Que sirvan tus palabras como homenaje a todos los abuelos, incluidos los que se fueron para dejar sitio. Me acuerdo ahora de Claudio y Visi.

Fecha: 15/05/2006 11:32.


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Autor: Ana

Imposible es pasar por tu blog y no escribir nada al respecto de este texto. Gracias por el respeto merecido que muestras hacia las personas mayores. Más nietos como tú hacen faltan. Abuelos, qué será de mí cuando no estéis. Abuelo, un beso donde estés.

Fecha: 05/05/2007 22:00.


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Autor: michelle palazuelos torres

esta muy bonito lo que pusieron aqui. Bueno bye

Fecha: 05/03/2008 23:38.


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Autor: lisaq

a mi me gustan todos los cuentosm

Fecha: 27/03/2008 16:44.


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