El Viejo de la Montaña creó un valle muy especial entre dos montañas para que quedase cercado, y lo convirtió en el jardín más grande y hermoso que se haya visto jamás, lleno de todas las variedades de frutas. En él erigió palacios y pabellones, los más suntuosos que imaginar se pueda, todos dorados y cubiertos de pinturas exquisitas. Y también había arroyuelos de vino, leche y miel que fluían libremente; y varias damas y todas las damiselas más bonitas del mundo que tocaban toda clase de instrumentos, y cantaban las canciones más dulces y bailaban con una gracia que era una delicia contemplarlas. Pues el Viejo deseaba que su gente creyese que aquello era en realidad el paraíso…
Ahora bien, a ningún hombre le estaba permitido entrar en el jardín salvo a aquellos que él se proponía convertir en sus Asesinos. Y había una fortaleza en la entrada del jardín, tan inexpugnable que podía resistir al mundo entero. El Viejo tenía consigo a una corte de jóvenes de la región, a los que solía contar historias sobre el paraíso. Más tarde, en grupos de cuatro, o de seis, o de diez, les daba a beber de una pócima que les sumía en un sueño profundo, tras lo cual hacía que les entrasen en el jardín. Así pues cuando despertaban y se encontraban allí, creían que se hallaban verdaderamente en el paraíso. Y las damas y damiselas se entretenían en amores con ellos para alegrarles el corazón, con lo que obtenían lo que los hombres jóvenes anhelan obtener y nunca habrían abandonado aquel lugar por su propia voluntad.
Ahora bien, cuando deseaba mandar a uno de sus Asesinos a cumplir una misión, hacía que uno de los jóvenes del jardín tomase de la pócima y lo hacía llevar luego a su palacio. Así pues, cuando el joven despertaba, se daba cuenta de que estaba en el castillo y no en el paraíso, lo cual no le satisfacía en absoluto. Y entonces el Viejo decía a aquel joven: “Ve y mata y haz esto y aquello; y cuando regreses mis ángeles te devolverán al paraíso”
Esto es lo que les hacía creer; así es que los jóvenes afrontaban cualquier peligro para ejecutar las órdenes que él les había dado, tan grande era su deseo de regresar al paraíso. Y de esta manera el Viejo conseguía que su gente asesinase a todo aquel que le estorbaba.
Viajes; Marco Polo




