EL CASTILLO AMBULANTE o Las Puertas de Miyazaki

Posiblemente Hayao Miyazaki sea el creador de animación con un universo personal más fácilmente identificable. El Castillo Ambulante es la última de este creador incansable de piezas únicas, que, en algunos casos sin saberlo, ya forman parte del imaginario colectivo occidental. Desde la joya freak por antonomasia , pasando por la eterna Heidi , hasta su maravillosa, impagable e irrepetible visión del detective con mejor olfato conocido a este lado del sol poniente

El Castillo Ambulante quizá no esté a la altura de, para mí, sus dos mejores películas El Viaje de Chihiro y La Princesa Mononoke pero esto no le resta méritos, es más, es una película distinta y por tanto no se puede utilizar la misma vara para medir una y otras.
En esta película Miyazaki nos sitúa en un mundo intemporal en el que la gente viste y se comporta como el eterno burgués de fines del siglo XIX y principios del siglo XX pero que se desplaza en patinetes voladores, se ve amenazado por inmensos acorazos cercanos a los imaginados por Lucas y aún cree en la magia como remedio eficaz y en la bondad innata de reyes y gobernantes que no hacen otra cosa que velar por nosotros, y si la guerra asoma es por razones ajenas a estos, porque en el mundo además de bondad hay maldad y, ambas, se encuentran en el ser humano a partes, a veces, desoladoramente iguales.
En este contexto, tan lejano de la mitología oriental que impregnara sus últimos trabajos y tan cercano en lo visual a Porco Rosso -y en el desarrollo de la historia, con personajes maduros, con solitarios incomprendidos que arrastran su maldición por tiempos convulsos-, se desarrolla la historia de Sophie una joven con un elevado sentido de la responsabilidad -como todos los personajes femeninos del director- que trabaja de manera abnegada en la sombrerería familiar y que parece contentarse con una apacible y gris vida de dependienta bajo la tutela de su madre. Todo cambia el día en que en un paseo por la ciudad conoce a Howl, un joven mago, tremendamente bello y seductor y la posterior visita de la Bruja de las Landas, que, enamorada de Howl y rechazada por este, decide cargar a Sophie con la culpa de su rechazo y la convierte en una anciana de noventa años

Sophie no puede revelar su maldición a nadie bajo pena de eterna condena así que decide buscar el Castillo Ambulante de Howl para que le ayude a deshacerse del hechizo. El viaje de Sophie se convierte entonces en una búsqueda de uno mismo, del amor, de la amistad, de un sitio propio. He visto a Dorothy, a Toto y al espantapájaros ; he visto a Bella y a La Bestia y he visto el mundo de Miyazaki, todo en perfecta armonía.
Todos los personajes principales se encuentran hechizados, convertidos en monstruos a la vista de los demás, y sin embargo nunca dejan de comportarse como lo que son: demonios menores y lo que fueron: seres humanos. El caso del personaje de Sophie es sencillamente genial, ¿como se comportaría una joven de dieciocho años en el cuerpo de una anciana de noventa? Como en otras ocasiones el peso y la responsabilidad en la historia están del lado femenino y aquí también un personaje en apariencia frágil se revela como una fuerza paciente y comprensiva pero constante y decidida.
Me ha impresionado el Castillo, la armonía dentro del caos; me he reído con Calcifer; me ha asombrado como el director ha conseguido, una vez más, hacerme odiar y querer con la misma intensidad a las brujas malas y a las buenas; y me ha cautivado el saber que un mundo en apariencia tan lejano como el de Sophie y Howl puede resultar, a la vez, tan cercano y tan cálido.
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Autor: Chihiro
Ya sabes que la crítica está en mi top 10!!!
;)
Fecha: 03/04/2006 18:26.




