CHOQUE DE FILOSOFÍAS

Esta mañana en el Starbucks -otro de mis particulares paraísos capitalistas en el que puedes tomar un café aguado de medio litro, mira como se me cae la baba, estilo americano, mientras te conectas de franc a internet y hojeas diez periódicos distintos y, si te apetece, echas una cabezadita en magníficos sillones o sueñas con otra vida viendo pasar las chicas, viendo pasar la vida...-, he aprovechado para (h)ojear El País; entre exabrupto y maldición me he topado con un artículo de André Glucksmann justo debajo de otro del eximio Rodríguez al alimón con el presidente Sueco -no lo he leído, mi válvula no lo resistiría-.
Cuando lo he terminado, intitulado Choque de Filosofías me parece, me ha pasado lo mismo que a Arcadi Espada, incluso me ha llamado la atención el mismo párrafo, por partes:
El derecho a expresar opiniones, aun siendo chocantes, y a poner en duda tabúes religiosos, sexuales o sociales, aunque fueran estos mayoritarios. Son avances que el humanismo clásico y la democracia moderna han pagado muy caro.
También señalaba que los defensores a ultranza de la Libertad de Expresión hemos caído en una trampa hábilmente tendida. Si defendemos con tanta vehemencia el criticar lo que uno quiera podemos caer en el error de defender a los que niegan el Holocausto, o los que minimizan y ridiculizan sus consecuencias.
¿Falta de respeto contra falta de respeto? ¿transgresión contra transgresión? ¿Hay que poner al mismo nivel la negación de Auschwitz y la desacralización de Mahoma?
Para Glucksmann no. La filosofía occidental, esto es nosotros, lo que somos, por lo que hemos luchado y a donde hemos llegado, está basada en la distinción entre verdad , esto es hechos, facts ; y creencia, esto es interpretaciones, subjetivismo, en el mejor de los casos bienintencionado, pero subjetivo.
El discurso civilizado, sin distinción de raza ni de confesión, analiza y circunscribe verdades científicas, verdades históricas y estados de hecho que no se basan en la fe sino en el conocimiento. Podemos considerarlas profanas o de menor dignidad, pero ello no impide que no se confundan con las verdades de la religión, ya seamos chiitas, sunitas, cristianos, judíos, budistas o agnósticos. Nuestro planeta no es víctima de un choque de civilizaciones o de culturas, es el lugar elevado de una batalla decisiva entre dos métodos de pensamiento. Están aquellos que declaran que no hay hechos sino solamente interpretaciones que son cuando menos actos de fe. Éstos caen o bien en el fanatismo ("yo soy la verdad") o bien en el nihilismo ("nada es verdadero ni falso"). Del otro lado, están aquellos para los que el debate libre con la finalidad de separar lo verdadero de lo falso tiene sentido, de modo que lo político, como lo científico o el simple juicio pueden resolverse a partir de datos profanos que son independientes de las opiniones arbitrarias y preestablecidas [...]
No se trata sólo dela libertad de prensa, si no del permiso de llamar gato a un gato y a una cámara de gas hecho abominable, abominable cualesquiera que sean nuestras creencias y nuestra fe.
Pero, ¿estamos preparados para esto? ¿Somos lo suficientemente maduros para discernir hechos y verdades de creencias e interpretaciones?
Yo creo que no...




