MATCH POINT o La Alta Suciedad

Las películas de Woody Allen tienen una curiosa capacidad sobre mí, pueden absorberme completamente, de tal suerte que, a veces, me olvido completamente de todos mis condicionamientos previos y me transformo en uno más de los personajes de sus películas (Manhattan) - a la manera de Ebenezer Scrooge claro -; y a veces es tal el grado de estulticia y esnobismo que irradian (Melinda & Melinda) que me paso toda la película rezando en arameo, y acordándome de sus gloriosos antepasados. Quizá sea preciso matizar que ni mucho menos soy un incondicional del director, ni tan siquiera he visto la mayoría de sus películas.
Match Point, la última del Snob, tiene todo lo anterior, con alguna diferencia significativa. Aún a riesgo de contagiarnos por lo visto diremos que estas diferencias suponen un avance cualitativo importante en los aspectos claves de las películas de Allen –que no tiene por qué significar un salto cualitativo importante en la película- La sociedad que retrata: de la clase “intelectual” Neoyorquina a la Alta Sociedad Inglesa; de Manhattan al Londres neo-victoriano; del Jazz a la Ópera; y, de unos protagonistas a veces incluso guapos, al paraíso hecho carne.
Dos personajes sobresalen especialmente por encima incluso de la película, y que de no tener la losa que supone la veneración injustificada de la que goza Woody Allen, podrían pasar por méritos propios al imaginario cinematográfico colectivo.
Chris Wilton, es posiblemente el personaje más despreciable que he visto en una película -supera a Ripley- desde la colección de abominaciones que justificaba el abyecto engendro de Todd Slondz. Un personaje sin remordimientos, lo único que le preocupa es él mismo, y lo que le pueda pasar. Pero es un ángel, un efebo que pide pollo asado mientras sus nuevos amigos se deleitan con trufas o caviar. Incluso tras el hecho consumado es difícil no sentir cierta simpatía por él. Además nació con suerte, y como nos es recordado al comienzo de la película, sin suerte no se puede llegar a lo más alto.
Y luego, ella

una criatura celestial, una hurí del eden, una diosa sin parangón, necesito respirar profundamente cada vez que la veo, ¿será real?
una mujer que podríamos suponer fatal, pero que no es más que una inocente niña que intenta jugar en una liga que no le pertenece. A la que la suerte nunca acompañó.
Afortunadamente en esta película nos olvidamos un poco del psicoanálisis, ¿tal vez alguna lectura instructiva?, y acertamos de pleno con la música, la ópera de Bizet Los Pescadores de Perlas se convierte en hilo conductor, refuerzo dramático, además de excusa para ciertas licencias artísticas ya ensayadas con anterioridad.
Por lo demás, podríamos hablar de lo mucho de hitchcock que he visto en la película, y no sólo me refiero a Extraños en un Tren, si no, principalmente al tratamiento femenino, pero lo que más me ha llamado la atención es que no sé si pretende algo más que mostrarnos gente bella en bellísimos decorados y un drama wildeano –ciertamente la película me afectó-.
No estoy muy seguro de que haya crítica alguna al clasismo de la "nueva nobleza" -me da que Allen nos quiere engañar aquí-, es más, mis, de sobra conocidos, prejuicios hacia gente capaz de hacer trabajos del tipo Cineastas contra Magnates, me han hecho sospechar que tal vez el bueno de Woody, no, este, quiera convencerme de que el vil metal es el que transforma a Chris, que no sea más que otra inocente víctima de la vorágine.
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Autor: ja
A mí la película me entretuvo, pero poco más. Siempre espero mucho de este hombrecillo...
Por lo demás, bendita seducción Scarlettiana!!!brrrrr
Fecha: 20/02/2006 20:30.
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Autor: mia
Fecha: 23/02/2006 12:36.




