Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2005.
Resumen
- 06/06/2005 16:07 - Miscelánea
- 17/06/2005 14:54 - Por fin!
- 20/06/2005 15:33 - BATMAN o Cómo dar tu toque personal a una Superproducción
- 22/06/2005 14:51 - UNA PARTIDA DE AJEDREZ
- 22/06/2005 10:28 - Carta de Irene Villa al Presidente del Gobierno
- 24/06/2005 22:36 - UNA PARTIDA DE AJEDREZ ( II )
- 25/06/2005 17:09 - DINERO Y POLÍTICOS
- 26/06/2005 13:34 - UNA PARTIDA DE AJEDREZ ( III )
- 27/06/2005 13:03 - EL REAL MADRID GANA LA MEJOR FINAL DE LA HISTORIA ACB
- 27/06/2005 14:57 - UNA PARTIDA DE AJEDREZ ( IV )
- 29/06/2005 10:04 - UNA PARTIDA DE AJEDREZ ( V )
- 29/06/2005 15:04 - PERROS JUGANDO AL POKER
06/06/2005
Miscelánea
La verdad es que después de unos cuántos días de ausencia obligada, que no deseada, se vuelven a acumular los temas que me gustaría tratar, para la reflexión les dejo unos cuántos titulares para que cada uno saque las conclusiones que crea conveniente, yo no llego a ninguna esperanzadora, ¿quizá por mi pesimismo antropológico que decía alguien? no sé, en todo caso aquí tenéis esto, esto, esto y esto -Rodríguez ha necesitado que un millón de personas le recuerden que la lucha contra ETA y la estrategia de acabar con el PP son cosas distintas y no se puede jugar con ellas-; a pesar de todo esto todavía se pueden encontrar, buscándolas eso sí, algunas noticias alentadoras, como ya adelanté en estas líneas, parece que la gente que tiene algo que aportar a esta sociedad viciada y decadente en la que vivimos se ha decidido, por fin, a dar el paso y salir a la luz pública y arriesgar honra y hacienda por una buena causa, que en los tiempos que corren no es poco. Esperemos que no nos defrauden, porque desgraciadamente ejemplos de buenas intenciones que ni tan siquiera llegan a eso ya tenemos bastantes.
Mientras tanto, Rafa Nadal gana Roland Garros con 19 años, la cosa tiene su importancia, no vamos a negarlo, sobre todo porque los tiempos que corren son propicios para los héroes efímeros que nada aportan a la colectividad y sí a su propia divinización, pero bueno tampoco quiero ser yo la única voz discordante, ya le darán por todos lados en el momento en que tenga el primer bajón, va en el sueldo.
El caso es que ahora asistiremos a las luchas carroñeras para ver quién se adjudica un éxito que sólo le pertenece a él, su familia y sus preparadores - sí el echo de vivir en España y no en Yemen o...¿Irak? también cuenta pero nosotros también estamos aquí y hoy no somos portada-, los Nazional Socialistas de por aquí ya ha empezado, ya se sabe les Illes son parte de los Països...en fin que enhorabuena y que aproveche que ya vendrán tiempos peores.
Mientras tanto, Rafa Nadal gana Roland Garros con 19 años, la cosa tiene su importancia, no vamos a negarlo, sobre todo porque los tiempos que corren son propicios para los héroes efímeros que nada aportan a la colectividad y sí a su propia divinización, pero bueno tampoco quiero ser yo la única voz discordante, ya le darán por todos lados en el momento en que tenga el primer bajón, va en el sueldo.
El caso es que ahora asistiremos a las luchas carroñeras para ver quién se adjudica un éxito que sólo le pertenece a él, su familia y sus preparadores - sí el echo de vivir en España y no en Yemen o...¿Irak? también cuenta pero nosotros también estamos aquí y hoy no somos portada-, los Nazional Socialistas de por aquí ya ha empezado, ya se sabe les Illes son parte de los Països...en fin que enhorabuena y que aproveche que ya vendrán tiempos peores.
17/06/2005
Por fin!
Como dice mi admirado Juan Manuel de Prada aquí estoy de vuelta para las cuatro admiradoras que todavía me leen y soportan... El caso es que en casa todavía no gozo de las ventajas sin par de la Red de Redes y últimamente no hay mucho tiempo libre así que no puedo mantener el ritmo de publicación que me gustaría, aún así aquí os dejo algunos enlaces con las noticias que más interés me han suscitado y de las que me hubiera gustado comentar algo:
Esto, al parecer sus críticas en ¡Qué grande es el cine! a películas como Matrix Reloaded o El Sr de los anillos, auténticos iconos del nuevo Progresismo, han pesado más que su probada independencia y su gran prestigio en la fiscalía; Nuestro amigo el inefable JL "¿Me hace juego la corona de espinas con la corbata de Hermes?" Carod Rovira; Ahora van a por la Filosofía, sólo puedo recomendar lecturas como "Un Mundo Feliz"; Y, ¿por qué no? hablar del hombre llamado a devolvernos la ilusión a los madridistas.
Pero hoy hay dos temas muy importantes sobre los que me gustaría reflexionar un poco:
- La manifestación de mañanaconvocada por el Foro de la Familia; ni la apoyo ni la voy a defender aunque es preciso hacer algunas matizaciones al respecto. Gracias al Ínclito y Maravilloso Rodríguez tenemos un nuevo problema donde no lo había, en España había, y hay, un amplio consenso para reconocer las uniones legales de personas del mismo sexo, de hermafroditas y seguro que dentro de no mucho, de hipotéticas uniones inter-especie, entonces, ¿a qué vienen estas ganas de tocar las narices? ¿por qué alterar a una gran parte de la sociedad haciendo las cosas mal y pronto? No lo sé, o sí, la idea es radicalizar al sector más derechista del PP y con un toquecito de Agit-Prop conseguir estigmatizarlos a todos. No hay debate, si no estás con nosotros (Plataformas de gays y lesbianas) estás en nuestra contra, pues vale; y dicho esto, srs del PP, ¿dónde van? hay un cuento infantil bastante gráfico "La gallina de los Huevos de Oro" creo que se llamaba, cuando el granjero la abrió para encontrar la mina lo único que hizo fue matar a la gallina, este no es un problema mayor, la familia tiene otros muchos problemas mucho más graves, además, aunque sólo sea por demostrar un poco de inteligencia, por qué se empeñan en dar armas a los agitadores del PSOE, ¿tan difícil es dejar a la libre elección de cada militante el que se quiera sumar o no, dejando al margen a la estructura del partido?; Srs de la Iglesia, si de verdad no es una manifestación contra Homosexuales, ¿a qué tanta vehemencia? a algunos hasta les cambia el rictus... En fin que no era necesario el enfrentamiento de mañana, todos lo han echo mal.
- La otra noticia candente se encuentra en Galicia, sí, y aquí también tenemos un tema espinoso; una persona con 82 años, 50 de ellos en cargos de responsabilidad política, 16 de ellos como presidente del gobierno gallego, ¿es aceptable que se vuelva a presentar? Por higiene democrática no, ¡Sr Chaves échese cianuro en la sopa!, por facultad física parece que tampoco, pero cuando las opciones son la Sartén o el Fuego, qué quieren que les diga me quedo con lo malo conocido porque de una alianza entre el "Ken Progresista" y el próximo "Nazionalista de Cabecera" ya sabemos lo que nos espera. Al menos Fraga tiene ese punto sinceridad cruda que le hace decir barbaridades...sólo porque son políticamente incorrectas. Aquí el PP otra vez ha vuelto a hacer gala de su capacidad de previsión y de organización interna dejando para el último segundo, nunca mejor dicho, la cuestión de la renovación en Galicia. Y una duda, ¿Galicia será el destino de Rajoy si no cuaja su asalto a la moncloa?
Lo dicho que me alegro de volver a veros.
Esto, al parecer sus críticas en ¡Qué grande es el cine! a películas como Matrix Reloaded o El Sr de los anillos, auténticos iconos del nuevo Progresismo, han pesado más que su probada independencia y su gran prestigio en la fiscalía; Nuestro amigo el inefable JL "¿Me hace juego la corona de espinas con la corbata de Hermes?" Carod Rovira; Ahora van a por la Filosofía, sólo puedo recomendar lecturas como "Un Mundo Feliz"; Y, ¿por qué no? hablar del hombre llamado a devolvernos la ilusión a los madridistas.
Pero hoy hay dos temas muy importantes sobre los que me gustaría reflexionar un poco:
- La manifestación de mañanaconvocada por el Foro de la Familia; ni la apoyo ni la voy a defender aunque es preciso hacer algunas matizaciones al respecto. Gracias al Ínclito y Maravilloso Rodríguez tenemos un nuevo problema donde no lo había, en España había, y hay, un amplio consenso para reconocer las uniones legales de personas del mismo sexo, de hermafroditas y seguro que dentro de no mucho, de hipotéticas uniones inter-especie, entonces, ¿a qué vienen estas ganas de tocar las narices? ¿por qué alterar a una gran parte de la sociedad haciendo las cosas mal y pronto? No lo sé, o sí, la idea es radicalizar al sector más derechista del PP y con un toquecito de Agit-Prop conseguir estigmatizarlos a todos. No hay debate, si no estás con nosotros (Plataformas de gays y lesbianas) estás en nuestra contra, pues vale; y dicho esto, srs del PP, ¿dónde van? hay un cuento infantil bastante gráfico "La gallina de los Huevos de Oro" creo que se llamaba, cuando el granjero la abrió para encontrar la mina lo único que hizo fue matar a la gallina, este no es un problema mayor, la familia tiene otros muchos problemas mucho más graves, además, aunque sólo sea por demostrar un poco de inteligencia, por qué se empeñan en dar armas a los agitadores del PSOE, ¿tan difícil es dejar a la libre elección de cada militante el que se quiera sumar o no, dejando al margen a la estructura del partido?; Srs de la Iglesia, si de verdad no es una manifestación contra Homosexuales, ¿a qué tanta vehemencia? a algunos hasta les cambia el rictus... En fin que no era necesario el enfrentamiento de mañana, todos lo han echo mal.
- La otra noticia candente se encuentra en Galicia, sí, y aquí también tenemos un tema espinoso; una persona con 82 años, 50 de ellos en cargos de responsabilidad política, 16 de ellos como presidente del gobierno gallego, ¿es aceptable que se vuelva a presentar? Por higiene democrática no, ¡Sr Chaves échese cianuro en la sopa!, por facultad física parece que tampoco, pero cuando las opciones son la Sartén o el Fuego, qué quieren que les diga me quedo con lo malo conocido porque de una alianza entre el "Ken Progresista" y el próximo "Nazionalista de Cabecera" ya sabemos lo que nos espera. Al menos Fraga tiene ese punto sinceridad cruda que le hace decir barbaridades...sólo porque son políticamente incorrectas. Aquí el PP otra vez ha vuelto a hacer gala de su capacidad de previsión y de organización interna dejando para el último segundo, nunca mejor dicho, la cuestión de la renovación en Galicia. Y una duda, ¿Galicia será el destino de Rajoy si no cuaja su asalto a la moncloa?
Lo dicho que me alegro de volver a veros.
20/06/2005
BATMAN o Cómo dar tu toque personal a una Superproducción
Me hubiera gustado poder escribir sobre otra película "Las Tragedias de Nina", que además fue una recomendación, pero no sé si es porque la película es demasiado israelí, porque en principio cumple los requisitos de toda película susceptible del agrado de las salas "alternativas", o por algo tan prosaico como "la pela", el caso es que en la Cultural Barcelona no es posible ver esa peli...o sí, y yo no sé donde.El caso es que finalmente me decidí por la nueva entrega de Batman, que pretende ser un repaso a los comienzos del personaje.
Se ha dejado atrás, afortunadamente, la atmósfera fetichista, por no ir más lejos en la denominación, impuesta por Joel Schumacher en las dos entregas anteriores, auténticos lastres en las carreras de Clooney y de Kilmer, de los que han conseguido librarse con desigual fortuna; y también afortunadamente se ha dejado de lado el mundo Tim Burton, y digo afortunadamente no porque considere que sean un bodrio como las firmadas por Schumacher, si no porque el único capaz de recrear el Universo de un Gótico Cuento de Hadas es él.
Con muy buen criterio Christpher Nolan -magníficas "Memento" e "Insomnia"-, se ha desmarcado y ha creado su propia película, con un reparto de lujo encabezado por un sorprendente Christian Bale, tamaño 40 x 90, o los magníficos Michael Cane, Morgan Freeman o Gary Oldman, que se ocupan de ponerle un poco más fácil su desigual batalla con los malos del mundo representados en la Sodoma Postmoderna, o Gotham City.
Como decía la película tiene unas cuantas cosas a destacar, la primera y ya comentada, su vocación de independencia, teniendo en cuenta que estamos ante una Superproducción en toda regla y que tiene que tener una serie de elementos por imposición -vomitiva relación Batman/Amiga de la niñez-, Nolan consigue darle su toque personal, y no digamos Bale que consigue un Batman a la altura del mismísimo Keaton, traducido en una mayor profundización de la "psique" del personaje, dejando claro el desequilibrio mental que tiene Wayne/Batman desde que sus padres fueron muertos; su trauma con los Murciélagos y su obsesión por el miedo y la maldad humana, erigiéndose él en una especie de cruzado posmoderno que se encuentra por encima del bien y del mal y que decide atacar a este último, como bien podía haber optado por el "lado oscuro" sin alterar significativamente el desarrollo de los acontecimientos; si a todo esto añadimos un guión algo más trabajado de lo habitual, ejemplo las explicaciones acerca de los aprovisionamientos de los artilugios que más tarde le servirán de armas, algo totalmente inverosímil que gracias a estas explicaciones te siembra la duda razonable; las dosis justas de acción, el principal arma contra los malos es su propio miedo; y le quitamos a la insoportable, pava, increíble, pésima actriz, prescindible y preciosa Katie Holmes y por supuesto la relación entre ambos, nos queda una buena película, distinta y recomendable, no está a la altura de las magníficas Batman y Batman Returns, donde a un Batman casi perfecto, se añadieron unos malvados perfectos Jack Nicholson y Danny de Vito -los malos de Batman Begins quedan a la altura del Betún-, y unas consortes pluscuamperfectas Basinger y Pfeiffer, no está a la altura decíamos pero visto lo visto estamos ante una película más que decente.
22/06/2005
UNA PARTIDA DE AJEDREZ
A bordo del transatlántico que a medianoche debía zarpar rumbo a Buenos Aires reinaban la habitual acucia y el ir y venir apresurado de la última hora. Se confundían y se abrían paso a codazos los allegados que acompañaban a los viajeros; los mensajeros de telégrafos, con las gorras terciadas, recorrían los salones como flechas, gritando tal o cual nombre; se arrastraban baúles y se traían flores; por las escaleras subían y bajaban niños movidos por la curiosidad, en tanto que la orquesta tocaba briosamente la música de acompañamiento de la deck show. Un poco apartado de ese tumulto, estaba yo conversando con un conocido sobre el puente de paseo, cuando a nuestro lado estallaron dos o tres agudos fogonazos de magnesio; algún personaje destacado había sido entrevistado y fotografiado, al parecer, instantes antes de la partida. Mi acompañante miró hacia aquel lado y sonrió: —Llevan ustedes un tipo raro a bordo, a ese Czentovic.
Debo haber revelado con un gesto harta ignorancia ante esa noticia, pues mi interlocutor agregó en seguida a guisa de explicación:
—Mirko Czentovic es el campeón mundial de ajedrez. Acaba de recorrer los Estados Unidos, de este a oeste, interviniendo en torneos, y ahora se dirige a la Argentina, en procura de nuevos triunfos.
Entonces recordé efectivamente el nombre del joven campeón mundial y aun algunos pormenores de su carrera meteórica; mi compañero, un lector de periódicos más asiduo que yo, estaba en condiciones de completarlos con toda una serie de anécdotas.
Aproximadamente un año atrás, Czentovic se había colocado de repente a la altura de los más expertos maestros consagrados del arte del ajedrez, como Alekhine, Capablanca, Tartakower, Lasker, Bogoljubow; desde la presentación, en el torneo de Nueva York de 1922 del niño prodigio de siete años llamado Reshewski, nunca la entrada brusca de un jugador absolutamente desconocido en el glorioso gremio había despertado una sensación tan unánime. Porque las dotes intelectuales de Czentovic no parecían augurarle una carrera tan brillante. No tardó en revelarse el secreto y difundirse la noticia de que el flamante maestro del ajedrez era incapaz, en su vida privada, de escribir una frase sin faltas de ortografía, en el idioma en que fuese, y, según el decir burlón y rencoroso de uno de sus colegas, "su ignorancia era en todas las materias igualmente universal". Era hijo de un paupérrimo remero del Danubio del mediodía eslavo, cuya barca fue echada a pique una noche por una lancha a vapor cargada de cereales. El entonces niño de doce años fue recogido a la muerte de su padre en un acto de piedad por el párroco del apartado lugar, y el buen sacerdote se esforzó honradamente para compensar a fuerza de paciencia lo que el niño, avaro de palabras, apático y de ancha frente, no era capaz de aprender en la escuela de la aldea.
Pero todos sus esfuerzos fueron vanos. Mirko siempre miraba de hito en hito los signos de la escritura que se le habían explicado cien veces ya; su cerebro trabajaba pesadamente y carecía de fuerza retentiva aun para los objetos más simples de la enseñanza. A la edad de catorce años tenía que recurrir todavía a la ayuda de los dedos para hacer algún cálculo, y la lectura de un libro o del diario significaba aún para el mozo mayorcito un esfuerzo fuera de lo común. Pero a pesar de todo, no podía tildarse a Mirko de reacio o recalcitrante. Hacía de buen grado cuanto se le encomendaba, iba a buscar agua, cortaba leña, ayudaba en las faenas del campo, ponía en orden la cocina y cumplía puntualmente, aunque con una lentitud desesperante, todo servicio que se le pedía. El rasgo del terco muchacho que más exasperaba al cura era su indiferencia absoluta y total. No hacía nada que no se le ordenase expresamente, jamás formuló una pregunta, no jugaba con otros niños ni buscaba espontáneamente un entretenimiento. En cuanto Mirko había terminado con los quehaceres de la casa, se quedaba sentado, impasible, con la mirada vacía como la de los borregos en el campo de pastoreo, sin demostrar el más remoto interés en las cosas que ocurrían a su derredor. Al anochecer, cuando el párroco, fumando su larga pipa de campesino, jugaba sus tres habituales partidas de ajedrez contra el sargento de gendarmería, el rubio y apático mozo permanecía sentado junto a él, mudo, mirando bajo los pesados párpados el tablero a cuadros, al parecer soñoliento e indiferente.
Una tarde de invierno, mientras los contrincantes estaban absortos en su partida cotidiana, resonaba en la calle pueblerina, más cerca cada vez, el tintín de un trineo. Un campesino, con la gorra espolvoreada de nieve, entró a grandes trancos para decir que su madre estaba agonizando y rogar al cura se diera prisa para llegar aún a tiempo de impartirle la extremaunción. El sacerdote le siguió sin titubear. A modo de despedida, el sargento de gendarmería, que no había terminado todavía de beber su vaso de cerveza, encendió su pipa y se disponía a calzar de nuevo sus pesadas botas de montar, cuando observó la mirada del pequeño Mirko, fija e inconmovible sobre el tablero, donde habían quedado las piezas de la partida inconclusa.
—¡Ea!, ¿quieres terminarla? —bromeó, absolutamente. convencido de que el amodorrado niño no sabría mover debidamente ni una sola pieza sobre el tablero. Pero el muchacho levantó tímido la cabeza, la inclinó luego y ocupó el asiento del cura. Al cabo de catorce jugadas, el sargento quedó vencido y hubo de reconocer, además, que su derrota no era debida a un movimiento descuidado o negligente. Una segunda partida terminó de idéntica manera.
—¡Burra de Balaam! —exclamó sorprendido el cura cuando a su regreso el sargento le refirió la novedad—. Hace cinco mil años —explicó al sargento, menos versado en el texto bíblico —se había producido un milagro similar, cuando un ser mudo halló de pronto el lenguaje de la sabiduría.
A pesar de la hora avanzada, el bueno del cura no pudo menos de retar a su casi analfabeto fámulo a un duelo. Y he aquí que Mirko le venció a él también con toda facilidad. Jugaba de un modo tenaz, lento, inconmovible, sin levantar una sola vez la ancha frente inclinada sobre el tablero. Pero jugaba con imperturbable seguridad; en los días siguientes, ni el gendarme ni el cura fueron capaces de ganarle una sola partida. El sacerdote, que estaba en mejores condiciones que cualquier otro para juzgar del retraso de su pupilo en todos los demás aspectos, quiso cerciorarse por último hasta qué punto ese singular talento exclusivo resistiría una prueba más rigurosa. Mandó a Mirko al peluquero del pueblo para que éste le cortase sus desgreñados cabellos de color pajizo, a fin de dejarle un tanto más presentable, y luego le llevó en su trineo a la pequeña villa vecina, donde en el café de la plaza mayor había un grupo de jugadores de ajedrez más empedernidos que él, y a los que, a pesar de varias tentativas, jamás había podido vencer. No fue menudo el asombro de la tertulia local, cuando a empellones, el cura hizo pasar a un niño como de quince años, rubio y de mejillas coloradas, enfundado en una piel de cordero vuelta al revés y que calzaba pesadas botas altas. El niño se quedó avergonzado y perplejo en un rincón, sin levantar la mirada hasta que se le llamó a una de las mesas de ajedrez. Mirko, que en casa del cura nunca había visto la llamada defensa siciliana, quedó derrotado en la primera partida. La segunda se la disputó el mejor jugador de aquel circulo, y empataron. De entonces en adelante, Mirko ganó todas las partidas, una tras otra.
Continuará...
Carta de Irene Villa al Presidente del Gobierno
«Tú y yo ya estamos a salvo »
Autor: Irene VILLA
Víctima de ETA y delegada de la AVT en Madrid
Pág. D012 21 de junio de 2005
Periódico LA RAZÓN.
Desde el primer momento creí que el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo supondría el fin de tantos años de sufrimiento. Precisamente es por haber defendido ese plan por lo que siempre confié en ti. Lo que jamás imaginé es que llegarías a romperlo. Me gustaría que me dijeras por qué decides romper la única herramienta hasta ahora efectiva. Todos sabemos que no hay más opciones. ¿Acaso no eres tú el principal interesado en que ETA desaparezca? Ellos ya lo celebran, porque saben que han ganado. Han dicho: «En el Congreso se tocaron campanas de muerte para el -˜Pacto Antiterrorista- ». Así, no sólo desaparece la esperanza en la justicia, sino que has dado aliento a ETA. ¿Te has parado a pensar en lo que significa? Tú vives en Madrid como yo, y aquí apenas lo notamos, pero mis amigos del País Vasco sufren de nuevo algo que habían olvidado. Están perdiendo otra vez su libertad, porque el entorno etarra, orgulloso de que España le escuche y justifique todos sus asesinatos, se ha vuelto a echar a la calle. Sus cachorros se están multiplicando y la banda se ha hecho fuerte. Gracias al partido que no ilegalizaste, están reuniendo de nuevo capital para reestructurarse. Adivina qué harán cuando se encuentren reorganizados. De hecho ya te han pedido la autodeterminación, lo de siempre, y que no dejarán las armas hasta conseguirlo. La diferencia es que ahora se sienten importantes. Es muy doloroso escuchar de nuevo sus irrevocables exigencias prepotentes, cuando teníais todas las herramientas para acabar con el terrorismo. Fue por eso por lo que nos manifestamos. Para avisarte de que con tus propuestas volveríamos a los años del horror. Me dolió ver que algunos no se unieran por creer que era una manifestación política. No entiendo por qué en este país cada vez cuesta más ver a las personas, por encima de etiquetas políticas. Lo único que gran parte de la sociedad hizo, independientemente de si te votó o no, fue avisarte de que con esos nuevos pasos los que ganaban eran los terroristas. Y así ha sido. Ojalá exista alguna oportunidad para que todos los partidos os mantengáis unidos. De lo contrario, España volverá a vestirse de luto. Claro que a nosotros no ha de preocuparnos. Tú y yo estamos a salvo. Tú, porque eres el presidente y yo porque ya me tocó... pura cuestión de ley de probabilidad, pero colaborar en que la maquinaria del terror resurja para luego pedirles que no maten es peligroso. Nunca pensé en escribirte, pero el otro día en el Senado me diste licencia. Dijiste: «Trágicamente no podemos conocer la última voluntad de las víctimas de ETA ». La verdad es que, aunque fuera una bomba de ETA colocada en el coche de mi madre, la que nos amputara las piernas, nunca nos hemos sentido víctimas. Nunca he necesitado que se ensalce, premie y valore esa actitud positiva de superar cualquier barrera, creo que ante todo inteligente, porque fue nuestro instinto de supervivencia. Sin embargo, España nos ha reconocido siempre como «víctimas ejemplares ». No sé si será por el cariñoso trato que he recibido o por mi convicción en que víctimas somos todos, por lo que siento que tus palabras no sólo han herido a las víctimas sino a todo el país. He leído que tu película favorita es «Johnny cogió su fusil », imagino que recordarás las imágenes en que Johnny, cuyas mutilaciones le impiden moverse, intenta comunicarse con su enfermera. Esa es la escena que vivió mi padre cuando aquel 17 de octubre me encontró en el hospital, como él dice, hecha un «guiñapo humano ». Y con esas imágenes vivirá toda su vida. En aquel momento pidió a los médicos que me dejaran morir porque no iba a consentir que una niña tan inquieta y feliz viviera impedida para siempre. Quizá si mis médicos le hubieran hecho caso, hoy sí me considerarías víctima. Lo siento pero no voy a pedirte disculpas por haber sobrevivido. Como ves, mi padre aún no lo ha superado y nunca le han faltado ganas de vengarse. Yo sigo tratando de ayudarle para que se desprenda de su rabia y aprenda a ser feliz. Pero es que él no perdona y dudo que algún día lo haga. Al menos conseguí que sustituyera la idea de vengarse por la de esperar justicia. Con paciencia y mucha fe, fuimos viendo que la justicia llegaba. Pero ahora ve que lo de perdonar ya lo haces tú por él. Y encima, le dices que no es una víctima del terrorismo. No sólo has menospreciado el dolor de mi padre y el de más de 7.000 familias, sino también el de todos los que así se sienten. Porque ignorar a una sola víctima es ignorar a todos los españoles. ¿Acaso las víctimas no somos dignas de tu buen talante? Nunca imaginé que sería en democracia donde las víctimas del terrorismo sufriríamos el ataque más deshonesto a nuestra moral. Y todo, para reavivar el odio, la fuerza y las ganas de sembrar terror de una ETA que estaba herida de muerte. Espero, por el bien de todos, que tenga arreglo.
Autor: Irene VILLA
Víctima de ETA y delegada de la AVT en Madrid
Pág. D012 21 de junio de 2005
Periódico LA RAZÓN.
Desde el primer momento creí que el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo supondría el fin de tantos años de sufrimiento. Precisamente es por haber defendido ese plan por lo que siempre confié en ti. Lo que jamás imaginé es que llegarías a romperlo. Me gustaría que me dijeras por qué decides romper la única herramienta hasta ahora efectiva. Todos sabemos que no hay más opciones. ¿Acaso no eres tú el principal interesado en que ETA desaparezca? Ellos ya lo celebran, porque saben que han ganado. Han dicho: «En el Congreso se tocaron campanas de muerte para el -˜Pacto Antiterrorista- ». Así, no sólo desaparece la esperanza en la justicia, sino que has dado aliento a ETA. ¿Te has parado a pensar en lo que significa? Tú vives en Madrid como yo, y aquí apenas lo notamos, pero mis amigos del País Vasco sufren de nuevo algo que habían olvidado. Están perdiendo otra vez su libertad, porque el entorno etarra, orgulloso de que España le escuche y justifique todos sus asesinatos, se ha vuelto a echar a la calle. Sus cachorros se están multiplicando y la banda se ha hecho fuerte. Gracias al partido que no ilegalizaste, están reuniendo de nuevo capital para reestructurarse. Adivina qué harán cuando se encuentren reorganizados. De hecho ya te han pedido la autodeterminación, lo de siempre, y que no dejarán las armas hasta conseguirlo. La diferencia es que ahora se sienten importantes. Es muy doloroso escuchar de nuevo sus irrevocables exigencias prepotentes, cuando teníais todas las herramientas para acabar con el terrorismo. Fue por eso por lo que nos manifestamos. Para avisarte de que con tus propuestas volveríamos a los años del horror. Me dolió ver que algunos no se unieran por creer que era una manifestación política. No entiendo por qué en este país cada vez cuesta más ver a las personas, por encima de etiquetas políticas. Lo único que gran parte de la sociedad hizo, independientemente de si te votó o no, fue avisarte de que con esos nuevos pasos los que ganaban eran los terroristas. Y así ha sido. Ojalá exista alguna oportunidad para que todos los partidos os mantengáis unidos. De lo contrario, España volverá a vestirse de luto. Claro que a nosotros no ha de preocuparnos. Tú y yo estamos a salvo. Tú, porque eres el presidente y yo porque ya me tocó... pura cuestión de ley de probabilidad, pero colaborar en que la maquinaria del terror resurja para luego pedirles que no maten es peligroso. Nunca pensé en escribirte, pero el otro día en el Senado me diste licencia. Dijiste: «Trágicamente no podemos conocer la última voluntad de las víctimas de ETA ». La verdad es que, aunque fuera una bomba de ETA colocada en el coche de mi madre, la que nos amputara las piernas, nunca nos hemos sentido víctimas. Nunca he necesitado que se ensalce, premie y valore esa actitud positiva de superar cualquier barrera, creo que ante todo inteligente, porque fue nuestro instinto de supervivencia. Sin embargo, España nos ha reconocido siempre como «víctimas ejemplares ». No sé si será por el cariñoso trato que he recibido o por mi convicción en que víctimas somos todos, por lo que siento que tus palabras no sólo han herido a las víctimas sino a todo el país. He leído que tu película favorita es «Johnny cogió su fusil », imagino que recordarás las imágenes en que Johnny, cuyas mutilaciones le impiden moverse, intenta comunicarse con su enfermera. Esa es la escena que vivió mi padre cuando aquel 17 de octubre me encontró en el hospital, como él dice, hecha un «guiñapo humano ». Y con esas imágenes vivirá toda su vida. En aquel momento pidió a los médicos que me dejaran morir porque no iba a consentir que una niña tan inquieta y feliz viviera impedida para siempre. Quizá si mis médicos le hubieran hecho caso, hoy sí me considerarías víctima. Lo siento pero no voy a pedirte disculpas por haber sobrevivido. Como ves, mi padre aún no lo ha superado y nunca le han faltado ganas de vengarse. Yo sigo tratando de ayudarle para que se desprenda de su rabia y aprenda a ser feliz. Pero es que él no perdona y dudo que algún día lo haga. Al menos conseguí que sustituyera la idea de vengarse por la de esperar justicia. Con paciencia y mucha fe, fuimos viendo que la justicia llegaba. Pero ahora ve que lo de perdonar ya lo haces tú por él. Y encima, le dices que no es una víctima del terrorismo. No sólo has menospreciado el dolor de mi padre y el de más de 7.000 familias, sino también el de todos los que así se sienten. Porque ignorar a una sola víctima es ignorar a todos los españoles. ¿Acaso las víctimas no somos dignas de tu buen talante? Nunca imaginé que sería en democracia donde las víctimas del terrorismo sufriríamos el ataque más deshonesto a nuestra moral. Y todo, para reavivar el odio, la fuerza y las ganas de sembrar terror de una ETA que estaba herida de muerte. Espero, por el bien de todos, que tenga arreglo.
24/06/2005
UNA PARTIDA DE AJEDREZ ( II )
Ahora bien, en una pequeña ciudad de provincia yugoslava rarísimas veces ocurren sucesos emocionantes, por cuya causa aquella primera aparición de ese campeón labriego se convirtió para los notables reunidos en un suceso cabal. Se decidió por unanimidad que el niño prodigio quedase, a todo trance, en la ciudad, por lo menos hasta el día siguiente, a fin de que se pudiera congregar a los demás integrantes del círculo de ajedrez, y, sobre todo, informar en su castillo al anciano conde Simiczic, un ajedrecista fanático. El cura, que miraba a su pupilo con un orgullo muy flamante, no quiso, sin embargo, descuidar su obligado oficio dominical, a pesar de la alegría de descubridor que le embargaba, y se declaró dispuesto a dejar a Mirko para que fuese sometido a una nueva prueba. El joven Czentovic fue alojado por cuenta del círculo de ajedrez en el hotel de la villa, donde aquella noche vio por primera vez en su vida un cuarto de baño. A la tarde del domingo siguiente, el salón del café estaba repleto de gente. Mirko, sentado durante cuatro horas, inmóvil, frente al tablero de ajedrez, venció uno tras otro a los jugadores, sin decir una sola palabra y sin levantar siquiera una vez la cabeza. Por último, alguien propuso que se jugasen unas partidas simultáneas. Se necesitaba un largo rato para hacer comprender al ignorante que en una sesión de simultáneas él solo debía jugar a un mismo tiempo contra varios adversarios. Pero en cuanto Mirko se dio cuenta de lo que se trataba, se adaptó inmediatamente a la tarea, y pasando lentamente con sus pesadas botas, de una mesa a la otra, terminó ganando siete de las ocho partidas.Acto seguido se originaron grandes deliberaciones. Aun cuando, en un sentido más estricto, el nuevo campeón no era hijo de la ciudad, el orgullo local se había inflamado. Acaso la pequeña ciudad, de cuya existencia difícilmente se había tomado nota hasta ese entonces, estaba en vísperas de alcanzar el honor de que uno de sus hijos recorriese el mundo hecho un hombre famoso. Un agente apellidado Koller, el mismo que de ordinario se limitaba a contratar cancionistas para el cabaret de la guarnición local, se declaró dispuesto —con la sola condición de que se sufragasen los gastos de pensión por espacio de un año— a cuidar de que el mozo fuese perfeccionado profesionalmente en el arte del ajedrez por un excelente maestro de su conocimiento, radicado en Viena. El conde Simiczic, que en sesenta años de cotidianas partidas de ajedrez jamás se había enfrentado con un contrincante tan extraordinario, se comprometió en el acto a pagar la suma necesaria. Ese día se inició, pues, la asombrosa carrera del hijo del remero.
Al cabo de medio año, Mirko dominaba todos los secretos de la técnica ajedrecística, pero, a decir verdad, con una extraña particularidad, que más tarde fue objeto de atenta observación y numerosas bromas por parte de los entendidos en la materia. Ha de saberse que Czentovic nunca logró jugar una sola partida de memoria, o, por emplear el término técnico, a ciegas. Carecía en absoluto de la facultad de proyectar el tablero de ajedrez sobre el campo ilimitado de la fantasía. Necesitaba tener a la vista siempre el tablero, palpablemente, con sus sesenta y cuatro escaques blancos y negros y las treinta y dos piezas; aun en la época de su fama mundial llevaba constantemente consigo un pequeño tablero plegable, de bolsillo, para reproducir ante sus ojos las distintas posiciones, cuando se trataba de reconstruir para él una partida de campeón y de resolver algún problema. Ese defecto, insignificante de por sí, revelaba una ausencia de fuerza imaginativa que se discutía en los círculos respectivos con el mismo apasionamiento que los músicos revelarían, por supuesto, en el caso de un virtuoso o director de orquesta sobresaliente, que fuese incapaz de interpretar o dirigir una obra sin tener la partitura correspondiente a la vista. Mas aquella rara peculiaridad de Mirko no retardó en absoluto su estupenda carrera. A los diecisiete años ya había ganado una docena de premios de ajedrez; a los dieciocho, el campeonato húngaro, y a los veinte, por fin, el campeonato mundial. Los campeones más atrevidos, cada uno de los cuales le superaba infinitamente en dotes intelectuales, en fantasía y audacia, sucumbían a su lógica fría y tenaz, igual que Napoleón al pesado Kutuzow, o Aníbal a Fabio Cunctator, quien, al decir de Livio, también había demostrado en su juventud esos rasgos llamativos de pachorra e imbecilidad. Fue así como se introdujo en la ilustre galería de los campeones de ajedrez —que reúne en sus filas los más distintos tipos de superioridad intelectual: filósofos, matemáticos, naturalezas calculadoras, imaginativas y a menudo creadoras— el primer personaje absolutamente ajeno al mundo espiritual, un mozo aldeano, pesado, silencioso, a quien ni aun el periodista más avezado lograba arrancar una sola palabra que hubiera podido dar pábulo a la publicidad. Es verdad que los dichos agudos que la cortedad de espíritu de Czentovic escatimó, pronto quedaron sustituidos con creces por anécdotas relativas a su persona. Porque en el instante en que Mirko se levantaba de la mesa de ajedrez, donde era maestro sin igual, se transformaba irremisiblemente en una figura grotesca, poco menos que cómica; pese a su solemne traje negro, su pomposa corbata y el alfiler con una perla algo llamativa y sus uñas trabajosamente lustradas, seguía siendo por sus modales el mismo torpe campesino que en la aldea había fregado la habitación del cura. Su modo desmañado y casi desvergonzado de convertir su talento y su fama en dinero, satisfaciendo una codicia mezquina y hasta ordinaria a veces, ora divertía, ora indignaba a sus colegas. Viajaba de ciudad en ciudad, hospedándose siempre en los hoteles más económicos; jugaba en los clubs más míseros, con tal que se le pagasen sus honorarios; se dejaba retratar para servir de propaganda a una marca de jabón, y, sin importarle la burla de sus competidores, quienes sabían exactamente que no era capaz de escribir tres frases en forma correcta, incluso vendió su nombre para una "Filosofía del ajedrez" que en realidad había escrito un insignificante estudiante galitziano para un editor poco escrupuloso. Como todas las naturalezas tenaces, carecía en absoluto del sentido del ridículo; desde que había logrado el triunfo en el torneo mundial, se consideraba el personaje más importante de la tierra, y la noción de haber vencido con sus propias armas a todos aquellos que hablaban y escribían tan brillante y espiritualmente, así como, sobre todo, el hecho palpable de ganar más que ellos, transformó su primitiva inseguridad en una arrogancia fría y, por lo general, torpemente manifiesta.
Continuará...
25/06/2005
DINERO Y POLÍTICOS
Soy de la opinión de que los políticos con responsabilidades deben estar pagados de acuerdo con dicha responsabilidad y que, en general los cargos de más alta responsabilidad en nuestro país están mal pagados, supongo que muchos de ustedes se llevarán las manos a la cabeza y dirán, no sin razón, que para lo que hacen ya van bien servidos. Intentaré dar mis razones.Todo esto viene a cuento de lo leído en Periodista Digital, donde a raiz de la publicación por parte de la Generalidad Catalana de los sueldos de sus funcionarios hacen un repaso de los sueldos más representativos del panorama político de nuestro país, dándose la paradoja de que algunos alcaldes, Secretarios de Estado y otros puestos menores, pueden llegar a ganar mucho más dinero que el propio Presidente del Gobierno. Es cuando menos curioso que el político mejor pagado de España sea el eximio Pasqual Maragall con unos 150.000 euros en su haber, límpios de polvo y paja. Lo cual me parece un sueldo bastante razonable para un Presidente Autonómico, otra cosa es que el ciudadano Pasqual Maragall, merezca ese dinero.
Si partimos de la base de que todos queremos a los mejores gestores posibles para gobernarnos y queremos dotarlos de responsabilidad, y que además asuman esa responsabilidad, no podemos pretender que ganen el mismo sueldo que la media del común de los ciudadanos, porque si se trata de una persona válida no tardará en encontrar acomodo en la esfera privada, donde ganará mucho más dinero y le reconocerán mucho mejor su valía -sí es lo que tiene lo privado, que funciona mucho mejor que lo público, entre otras cosas porque detecta antes y mejor a los mejores de la sociedad y los hace suyos- se puede argumentar -también con razón- que el puesto político tiene otras muchas ventajas aparte de las meramente económicas y que un sueldo demasiado alto puede ser contraproducente, si ya es difícil que asuman sus errores y se vayan cuando no cumplen las espectativas imaginémonos que ganan más, pero es que yo creo que 100.000-200.000 € -sueldo medio de un alto directivo- no es nada descabellado.
Es por esto que desde aquí abogamos por una bajada de sueldos y un mayor control a la hora de decidir dichos sueldos, a alcaldes, concenjales, secretarios y demás medianías que pululan por nuestras administraciones; una subida de sueldo para Presidentes, embajadores, Ministros... y por supuesto una limpieza profunda de mediocridad política.
26/06/2005
UNA PARTIDA DE AJEDREZ ( III )
—Pero, ¿cómo no había de engreír tan repentina gloria a una cabeza huera? —concluyó mi compañero, que acababa precisamente de relatarme algunas muestras palmarias de la infantil prepotencia de Czentovic—. El vértigo de la vanidad ¿cómo no iba a hacer presa en el campesino del Banato, quien, con sus veintiún años, de pronto, moviendo los trebejos sobre un tablero de madera, ganaba más en una semana que, allá lejos, todo su pueblo en un año, derribando árboles y realizando las faenas más duras y pesadas? Y luego, ¿no es asombrosamente fácil considerarse un gran hombre, cuando uno vive libre de la más remota idea de que alguna vez hayan existido un Rembradt, un Beethoven, un Dante, un Napoleón? En el cerebro tapiado de ese mozo cabe una sola cosa y es que desde hace meses no ha perdido ninguna partida de ajedrez, y puesto que no sospecha que aparte del ajedrez y del dinero existen otros valores en el mundo, le sobran razones para sentirse encantado de sí mismo.Estas noticias de mi amigo no podían menos de despertar mi más viva curiosidad. Todas las especies de monomaníacos, exclaustrados en una sola idea, me han interesado desde un principio, pues cuanto más se limita un individuo, tanto más cerca se halla, por otra parte, del infinito; dado que esos seres aparentemente distantes del mundo, se construyen, cada cual en su materia y a la manera de los térmites, una extraña síntesis del mundo, absolutamente sin igual. No disimulé, pues, mi propósito de estudiar más de cerca, durante los doce días de viaje hasta Río, aquel espécimen singular de la unilateralidad.
Pero mi amigo me previno:
—Será usted poco afortunado en este caso. Que yo sepa, nadie ha logrado hasta ahora entresacarle a Czentovic un mínimo de material psicológico. Detrás de toda su abismal limitación de alcances, oculta ese campesino ducho la gran astucia de no ponerse nunca en evidencia, lo cual consigue mediante la sencilla técnica de evitar toda conversación que no sea con compatriotas de su ambiente, cuya compañía busca en fondines modestos. Cuando advierte una persona culta, se encierra en su concha de caracol. He aquí por qué nadie puede vanagloriarse de haberle oído decir una necedad o de haber medido la profundidad, que se dice ilimitada, de su ignorancia.
Mi compañero, en efecto, estaba en lo cierto. Durante los tres primeros días del viaje resultó absolutamente imposible acercarse a Czentovic sin recurrir a la indiscreción grosera que, al fin y al cabo, no es característica mía. Es verdad que a veces se paseaba por la cubierta, pero siempre lo hacía con las manos sobre la espalda, en la actitud orgullosamente ensimismada del Napoleón del famoso retrato; sus vueltas peripatéticas por la cubierta eran, además, tan rápidas e imprevistas, que para alcanzarle uno habría tenido que correr en pos de él. En cambio, nunca se dejó ver en los salones, el bar, la sala de fumar. Según supe por el camarero, a raíz de una conversación íntima, pasaba la mayor parte del día en su camarote, ensayando o reconstruyendo partidas de ajedrez sobre un tablero enorme.
Al cabo de tres días empezó a fastidiarme realmente el hecho de que su técnica defensiva fuese más hábil que mi voluntad de acercarme a él. En mí vida había tenido oportunidad hasta entonces de trabar conocimiento personal con un campeón de ajedrez, y cuanto más me esforzaba en esa ocasión por concebir tal tipo de hombre, tanto más inconcebible se me antojaba una actividad mental que durante una vida entera gira exclusivamente en torno a un tablero de sesenta y cuatro casillas negras y blancas. Conocía, huelga decirlo, por experiencia propia, la atracción misteriosa del "juego de reyes", el único entre todos los ideados por el hombre que se sustrae soberanamente a toda tiranía del azar y otorga sus laureles de vencedor de un modo exclusivo al espíritu, más propiamente dicho, a una forma determinada de la habilidad intelectual. ¿Pero no se comete una falta de empequeñecimiento humillante con sólo tildar de juego al ajedrez? ¿No es también una ciencia, una técnica, un arte, algo que se cierne entre esas categorías, como el ataúd de Mahoma entre el cielo y la tierra, una trabazón única entre todos los contrastes: antiquísimo y eternamente joven; mecánico en la disposición, y, sin embargo, eficaz solamente por obra de la fantasía; limitado en el espacio, geométricamente fijo y a la vez ilimitado en sus combinaciones; desarrollándose de continuo y no obstante, estéril; un pensar que no conduce a nada; una matemática que nada soluciona; un arte sin obras; una arquitectura sin sustancia, y, no obstante, evidentemente más duradero en su existencia y ser que todos los libros y obras de arte; el único juego propio de todos los pueblos y tiempos y del que nadie sabe qué dios lo legó a la tierra para matar el hastío, aguzar los sentidos y poner en tensión el alma? ¿Dónde empieza, dónde termina? Cualquier niño puede aprender sus primeras reglas, cualquier chapucero puede ensayarse en él; y, sin embargo, llega a producir, dentro de ese cuadrado de invariable estrechez, una especie peculiar de maestros que no tienen comparación con los de ninguna otra, hombres con un talento exclusivo para el ajedrez, genios específicos, en quienes la visión, la paciencia y la técnica obran en una conjunción de igual modo determinada que en los matemáticos, escritores y músicos, aunque, eso sí, con distinta función y armonía. En tiempos pasados, de pasión fisionómica, tal vez un Gall hubiera realizado la disección de los cerebros de tales campeones, para averiguar si en la masa gris de esos genios del ajedrez se halla más intensamente marcada que en otras cabezas una sinuosidad determinada, una especie de músculo del ajedrez, una protuberancia ajedrecística. Cuánto más hubiera entusiasmado a semejante frenólogo el caso de un Czentovic, en que ese genio específico aparece incrustado en una desidia intelectual absoluta, como una sola veta de oro en una tonelada de roca. Siempre he comprendido, en principio, que un juego tan impar y tan genial debía producir sus maestros específicos, pero cuán difícil y aun imposible resulta imaginarse la vida de un hombre intelectualmente activo, para quien el mundo se reduce de un modo exclusivo a la estrecha vía entre blanco y negro, que busca los triunfos de su existencia en un nuevo ir y venir, adelantar y retrotraer de treinta y dos figuras; la vida de un individuo para quien el abrir el juego con un caballo en vez de hacerlo con un peón ya significa una hazaña y un miserable rinconcito de inmortalidad en dos líneas de un tratado de ajedrez; de un hombre, un ente espiritual que, sin volverse demente, dedica en el transcurso de diez, de veinte, de treinta y aun de cuarenta años, una y otra vez, toda la elasticidad de su pensar al ridículo afán de perseguir un rey de madera sobre un tablero de madera.
27/06/2005
EL REAL MADRID GANA LA MEJOR FINAL DE LA HISTORIA ACB
Cuando alrededor de las 9 de la noche de ayer recibí un mensaje en el que pude leer Dioooos! Como me gusta el deporte!! Sentí alegría y rabia mucha rabia, el Real Madrid había ganado contra todo pronóstico la final del campeonato ACB y yo me lo había perdido.El partido fue la guinda perfecta a una final perfecta, la más igualada que yo recuerde, de esas "que hacen aficción", durante cinco partidos hemos podido ver una igualdad casi absoluta entre los dos mejores equipos del baloncesto español, bien es cierto que el TAU hombre a hombre tiene más calidad, pero Malijkovic es mucho Malijkovic y sus equipos son un dechado de fuerza, orden y rigor defensivo, y ayer esto, un poco de suerte y la mano del mejor escolta español de la historia dieron al Madrid su 7º Título ACB -vigésimo noveno campeonato nacional- y, lo que es más importante devolvieron a la vida a un gigante que agonizaba ninguneado por Florentino Pérez -al que le ha faltado tiempo para hacerse una foto que ha estado evitando todo el año- y por el impresionante éxito mediático y deportivo de la 1ª plantilla de fútbol.
Como he dicho no pude ver la segunda parte del partido, pero mis corresponsales en Castril me mantuvieron puntualmente informado de cuanto ocurría en la cancha y cuando la mano del calvo lanzó el triple de su vida todos vibramos como si hubiéramos estado allí.
Si dejamos a un lado la épica y nos centramos en los datos fríos del partido tenemos a un Bullok nefando, a un Felipe Reyes perdido y a un Jastin Hamilton Impresionante, de hecho el mejor del partido, grandísimo fichaje de última hora clave en el triunfo final. Por parte del TAU tenemos a un Scola que ha pasado de ser el mejor jugador de la liga regular a estar perdido durante toda la serie, a un Calderón que no se pudo recuperar al 100% de su apendicitis y a un Macijauskas que despertó demasiado tarde.
Es probable que muchos de ustedes no entiendan estos sentimientos que nos provoca, a algunas personas, el deporte en general y los deportes colectivos en particular, una explicación simplista podría ser que a todos nos gustaría ser estrellas del deporte, gozar de la fama y el dinero que sólo unos pocos afortunados, o no, puede que sus propios méritos los hayan puesto ahí, consiguen, pero esta es una explicación no satisfactoria y que presupone que todos los que sentimos este tipo de acontecimientos somos poco más que Neandertales, hay algo más, inexplicable por supuesto, y que tiene que ver con el sentido de competitividad innato en el hombre; con el sentido de pertenencia a un clan y de defensa de dicho clan; tiene mucho que ver también con el hecho de que ahora resolver las diferencias entre pueblos a tortas está mal visto y el deporte lo que hace es sublimar ese sentimiento de conquista, o defensa, frustrada; además de todo esto para algunos también nos sirve de punto de encuentro, saber que tus amigos están en ese mismo instante a mil kilómetros pero haciendo lo mismo que tú ayuda a no sentirte tan lejos, a no sentirte tan solo.
UNA PARTIDA DE AJEDREZ ( IV )
Y entonces, por primera vez, uno de esos genios raros o uno de esos locos enigmáticos se hallaba muy cerca de mí, en el espacio, en el mismo barco, cinco camarotes por medio; y yo, desdichado de mí, en quien la curiosidad en materia espiritual siempre termina por tomar la forma de una especie de pasión, ¿no sería capaz de allegarme a él? Comencé a pensar en los ardides más absurdos: ora pensaba en despertar su vanidad, simulando una pretendida entrevista para un diario importante, ora quería hacerle caer en las redes de la codicia y proponerle un torneo lucrativo en Escocia. Pero finalmente recordé que la técnica más eficaz de los cazadores para atraer al gallo montés consiste en imitar su grito de celo, y, en efecto, ¿qué otra cosa ofrecía mayores probabilidades de merecer la atención de un campeón de ajedrez que un par de personas entregadas a ese juego? Ahora bien, en ningún momento de mi vida he sido un cabal artista del ajedrez, y ello por la simple razón de que jamás le atribuía importancia y sólo le dedicaba una que otra vez un corto tiempo para distraerme. Cuando me coloco por una hora frente al tablero, de ningún modo lo hago para esforzarme sino, al contrario, para descansar del esfuerzo intelectual. "Juego" al ajedrez en el sentido más acabado de la palabra, mientras los demás, los auténticos jugadores, "serian" al ajedrez, para introducir una nueva palabra atrevida en el idioma alemán que Hitler me ha vedado.
Pues bien, el ajedrez, lo mismo que el amor, requiere indefectiblemente un compañero, y en aquel instante aún no sabía si, además de nosotros, había otros aficionados a bordo. Para sacarlos con halagos de sus cuevas, armé una trampa primitiva en el salón de fumar, sentándome con mi esposa, a modo de reclamo, frente a un tablero, a pesar de que ella es menos experta aún que yo en ese juego. Y, en efecto, no habíamos realizado todavía seis jugadas, cuando ya alguien se detuvo al pasar y otro más pidió permiso para vernos jugar; por último apareció también el deseado compañero que me propuso una partida. Llamábase McConnor y era un ingeniero de minas escocés que, según me enteré, había ganado una gran fortuna perforando el suelo de California en busca de petróleo. Físicamente era un hombre fornido, con recias mandíbulas casi cuadradas y duras, dientes fuertes y una tez sanguínea, cuyo pronunciado tono rojizo se debía, seguramente, cuando menos en parte, a abundantes libaciones de whisky. Por desgracia manifestábase también, durante el juego, que los hombros excepcionalmente anchos correspondían a un ímpetu casi atlético que formaba parte del carácter del tal míster McConnor, un individuo de esa clase de triunfadores seguros de sí mismos, que consideran hasta la derrota en el juego más baladí como una afrenta a su propio concepto personal. Acostumbrado a imponerse sin contemplaciones en la vida, mimado por éxitos reales, ese macizo self made-man estaba inconmoviblemente persuadido de su superioridad, a tal punto que cualquier resistencia le excitaba como una sublevación inconveniente, casi como una ofensa. Cuando perdió la primera partida, volvióse gruñón y comenzó a declarar circunstanciada y dictatorialmente que ella sólo podía ser consecuencia de un descuido momentáneo. Al sufrir el tercer revés, culpó al ruido que llegaba desde el salón vecino; y no perdió una sola partida sin exigir inmediatamente el desquite. Al comienzo me divirtió ese encarnizamiento ambicioso, pero luego ya sólo lo acepté como inevitable fenómeno secundario, al que hube de conformarme en aras de mi verdadero propósito: el de atraer a nuestra mesa al campeón mundial.
Al tercer día lo logré, o, cuando menos, lo logré a medias. Ya sea que Czentovic nos había observado a través del ojo de buey, desde la cubierta de paseo, ya sea que honraba por mera casualidad al salón de fumar con su presencia, lo cierto es que en cuanto vio a unos legos entregados a su arte, se acercó instintivamente un paso y guardando la debida distancia echó una mirada escrutadora sobre nuestro tablero. En ese momento le tocaba a McConnor mover una pieza. Ese solo movimiento pareció suficiente para demostrar a Czentovic que nuestros esfuerzos de aficionados no eran dignos de la ulterior atención de un maestro. Con la misma naturalidad con que nosotros apartamos, en una librería, una mala novela policíaca que se nos ofrezca, sin siquiera empezar a hojearla, se alejó de nuestra mesa y abandonó el salón de fumar.
"Nos probó y nos encontró demasiado insignificantes", pensé, un tanto disgustado por esa mirada fría, despectiva, y para abrir, como quien dice, una válvula de escape a mi mal humor, dije a McConnor:
—Su jugada no parece haber entusiasmado mayormente al maestro.
—¿A qué maestro?
Le expliqué que el caballero que acababa de pasar a nuestro lado y que había observado nuestro juego con mirada de desaprobación, era Czentovic, el campeón mundial de ajedrez. Agregué que ambos sobreviviríamos a su ilustre desprecio y nos conformaríamos sin sentirnos heridos en el alma, ya que, al fin y al cabo, "los pobres deben cocinar con agua". Pero ante mi sorpresa, esa comunicación hecha al desgaire, produjo en McConnor un efecto absolutamente inesperado. Se excitó en seguida, se olvidó de nuestro juego, y su amor propio empezó, como quien dice, a latir de una manera audible. No había tenido la menor idea de que Czentovic se hallase a bordo, y en cuanto lo supo, afirmó que el campeón debía jugar con él, costase lo que costase. En su vida había jugado contra un campeón mundial, exceptuando un caso en que junto con otros cuarenta contrincantes intervino en una sesión de partidas simultáneas. Ya eso había sido, según él, terriblemente excitante y poco faltó en aquella oportunidad para que ganara. Me preguntó si conocía personalmente al campeón. Y como le contestara negativamente, me rogó que le abordase e invitase a nuestra mesa. Me negué, aduciendo que, según tenía entendido, Czentovic no era accesible a nuevas relaciones. Además, ¿qué atractivo podía tener para un campeón mundial el enfrentarse con jugadores de tercer orden como lo éramos nosotros?
Continuará...
29/06/2005
UNA PARTIDA DE AJEDREZ ( V )
Mejor no hubiera empleado esa expresión de jugadores de tercer orden al dirigirme a un hombre tan soberbio como McConnor. Se recostó disgustado y declaró con brusquedad que, por su parte no podía creer que Czentovic rechazaría la cortés invitación de un caballero. El ya se cuidaría de eso. Respondiendo a su pedido, le esbocé una descripción de la persona del campeón mundial, y al momento se lanzó, abandonando indiferente nuestro tablero y con incontenible impaciencia, en pos de Czentovic, buscándolo por la cubierta de paseo. Noté de nuevo que era imposible detener al dueño de aquellos hombros tan anchos, en cuanto y tan pronto había orientado su voluntad hacia un objetivo determinado.Esperé, bastante intrigado. Al cabo de unos diez minutos, McConnor volvió, de no muy buen talante, al parecer.
—¿Y? —pregunté.
—Tenía usted razón —contestó un si es no es indignado—. No es lo que se llama un hombre agradable. Me presenté. Le expliqué quién soy. Ni siquiera me tendió la mano. Traté de explicarle cuán orgullosos y honrados nos sentiríamos todos sus compañeros de viaje si jugara unas partidas simultáneas con nosotros. Pero no se inmutó. Sólo dijo que lo sentía, pero que estaba comprometido por un contrato con su agente, y que ese contrato le vedaba expresamente jugar durante toda su gira sin cobrar honorarios. Que su tarifa mínima eran doscientos cincuenta dólares por partida.
Me eché a reír:
—Nunca se me hubiera ocurrido pensar que la tarea de mover unas piezas de ciertos escaques negros a otros blancos pudiera llegar a constituir un negocio tan lucrativo. Espero que usted se habrá despedido con la misma cortesía con que se presentó.
Pero McConnor permaneció inmutablemente serio.
—Concertamos un encuentro para mañana, a las tres de la tarde. Aquí, en el salón de fumar. Espero que no nos dejaremos derrotar tan fácilmente.
—¿Cómo? ¿Usted le concedió los doscientos cincuenta dólares? —exclamé grandemente sorprendido.
—¿Por qué no? C'est son métier. Si sufriera dolor de muelas y hubiese casualmente un dentista entre los pasajeros, tampoco pretendería que me arrancase la muela a título gratuito. Al hombre lo asiste toda la razón del mundo cuando fija esos precios; en todos los oficios, los más entendidos son a la vez los mejores comerciantes. En cuanto a mí se refiere, cuanto más caro un negocio, tanto mejor. Prefiero pagar lo que sea antes de admitir que un señor Czentovic me conceda una merced y yo termine por tener que darle las gracias. Mirándolo bien, ¿cuántas veces he perdido más de doscientos cincuenta dólares en una tarde en nuestro club?, y eso sin jugar contra un campeón mundial. Para jugadores de "tercer orden" no es vergonzoso quedar vencidos por un Czentovic.
Observé con cierto placer cuán profundamente mi inocente calificación de "jugadores de tercer orden" había herido el amor propio de McConnor. Pero, puesto que estaba en su ánimo el pagar tan caro su gusto, nada podía objetar contra su orgullo descarriado, que en última instancia había de facilitarme el conocimiento del objeto de mi curiosidad. Informamos rápidamente sobre el inminente suceso a los cuatro o cinco caballeros que hasta entonces habían hecho profesión de fe de su afición al ajedrez, y a fin de evitar en lo posible que nos molestasen los demás pasajeros con su ir y venir, mandamos reservar de antemano, no sólo nuestra mesa, sino también las mesas vecinas.
Al día siguiente nuestro grupito se reunió puntualmente a la hora convenida. El asiento del medio, frente al del maestro, quedaba, desde luego, destinado a McConnor, quien, para aliviar su nerviosidad, encendía pesados cigarros, uno tras otro, y miraba a cada rato, inquieto, el reloj. Pero el campeón mundial —según yo barruntaba después de las referencias que me había dado mi amigo —nos hizo esperar diez minutos largos, lo que, por supuesto, dio mayor aplomo a su aparición. Se acercó, tranquilo y grave, a la mesa. Sin presentarse —"vosotros sabéis quién soy, y a mí no me interesa saber quiénes sois", parecía significar esa grosería —inició con sequedad de profesional las disposiciones del caso. En vista de que por falta de suficientes tableros era imposible llevar a cabo una sesión de simultáneas, propuso que todos juntos jugásemos contra él. Después de cada movimiento, se retiraría a otra mesa en el extremo del salón para no molestar nuestras deliberaciones. Una vez realizadas nuestras jugadas de réplica, golpearíamos con una cuchara contra una copa, ya que, lamentablemente, no había una campanilla de mesa a mano. Además propuso que se fijara un límite máximo de diez minutos para cada jugada, siempre que nosotros no prefiriéramos otras disposiciones. Huelga decir que aceptamos, hechos unos estudiantillos cohibidos, todo cuanto nos proponía. En el sorteo de los colores, le tocaron a Czentovic las piezas negras; hizo, de pie todavía, su primer movimiento respondiendo a nuestra apertura y se dirigió inmediatamente al lugar de espera que él mismo había designado y donde, negligentemente recostado, hojeó una revista ilustrada.
Los pormenores del partido ofrecieron poco interés. Terminó, naturalmente, como tenía que terminar, es decir, con nuestra derrota absoluta, la cual se produjo ya después del vigesimocuarto movimiento. El hecho de que un campeón mundial derrotase con toda facilidad a media docena de jugadores mediocres y aun menos que mediocres, era de por sí poco sorprendente; lo único que en realidad nos molestaba a todos era el modo prepotente y demasiado manifiesto con que Czentovic nos hacía sentir la facilidad con que nos había ganado. Cada vez que llegaba su turno, echaba sólo una mirada aparentemente fugaz sobre el tablero, midiéndonos con otra displicente, como si a nuestra vez tampoco hubiéramos sido más que inertes figuras de madera. Ese gesto impertinente hacía pensar, sin querer, en el modo con que se tira un hueso a un perro sarnoso, apartando la vista. A mi ver, hubiera podido llamar nuestra atención con un mínimo de tacto, sobre algún error y animarnos con una palabra gentil. Pero ese inhumano autómata ajedrecista no pronunció tampoco una sola sílaba una vez terminada la partida, sino que esperó, inmóvil, frente a la mesa, luego de darnos el "mate", por si deseábamos jugar una segunda partida con él. Indefenso, como siempre se queda uno ante la grosería insensible, por mi parte ya me había levantado para demostrar con ese movimiento que, concluido ése que se reducía a un negocio valorado en dólares, daba por terminado también el placer de nuestra relación, cuando, con gran disgusto mío, McConnor dijo con voz completamente ronca:
—¡Desquite!
Continuará...
PERROS JUGANDO AL POKER
Como ya dije aquí antes de las elecciones gallegas la elección estaba entre la sartén o el fuego, pues bien, el fuego ha ganado y les ha faltado tiempo para dejar claro lo que van a exigir, porque, claro, hoy todo el mundo se ve con derecho a exigir al gobierno central, todo el mundo que pertenezca a una minoría, las mayorías no cuentan en nuestra particular "democracia" -está tan prostituida esta palabra que no me siento cómodo empleándola-, pero no basta con ser una minoría, además tienes que hacer ver que estás oprimido, no vale si el opresor es Marruecos, entonces ¡vía libre para tus pretensiones! da igual que hayas sufrido un descalabro electoral, da igual que tengas sólo el 1% de los votos nacionales, muéstrate ofendido, apunta alto y alguien en el Gobierno de España se hará eco de tu reivindicación y te pondrán la alfombra.Intentando hablar un poco más en serio, no deja de ser preocupante que a las pocas horas de confirmarse la victoria electoral de Fraga en Galicia y la pérdida del Gobierno de la Xunta los Nazionalistas se erijan como vencedores y pongan sus condiciones a todo el país, aunque con los mentores y maestros que tenemos en España es hasta normal lo ocurrido.
Las "ansias infinitas de gobiernos" que tenía, tiene y tendrá el PSOE está llevando al Gobierno y por extensión a España hacia no se sabe muy bien donde -ni el propio Rodríguez lo sabe imagínense yo-´, siempre habrá voces que nos acusen de tremendistas, catastrofistas, o simplemente fascistas; pero por más que lo intento no consigo entender a cuento de qué vienen estas reivindicaciones, estas ganas de desestabilizar el sistema, este empeño en utilizar energías y recursos en asuntos, iba a decir secundarios pero es que son asuntos que ni deberían existir, ¿es que no hay problemas más importantes? ¿por qué estás ganas de complicar la vida? Sólo se me ocurre la explicación simplista, intereses personales de los apesebrados de turno a los que pagamos el sueldo por buscarnos problemas; ¿qué narices de problemas identitarios? ¿qué gaitas de sentimiento nacional reprimido? ¿qué carajo de Nación, Región, Comunidad Histórica? ¿Será todo una conspiración judeo-masónica para desviar la atención y poder seguir viviendo del cuento, y cobrando nuestro dinero a cambio de crearnos problemas con los que entretenernos para seguir sacándonos el dinero y entreteniéndonos?
¿Por qué los perros no jugarán al póker como en ese cuadro tan chulo?




