Las Manos
La mano ha escrito ondulantes alejandrinos, milagrosos pentagramas, pero su forma se la ha dado la violencia, la caza y el crimen. La cultura no ha conformado la mano como la guerra. Nuestra mano es una herramienta y un arma. Tiene el molde de la violencia. Por eso, cuando redacta las leyes, suelen salirle violentas, y cuando redacta poemas suelen salirle mentiras. Tenemos las manos sucias de sangre, las manos del hombre han matado mucho. La guerra y el crimen no son sino un volver a lavarse las manos en la sangre primera de las destrucciones prehistóricas, en la garganta caliente y roja del hermano, o del carnero.El que trabaja con las manos, el que vive por sus manos es más fiel a la estructura y el destino de la mano. Yo, que he reducido mis manos al picoteo del teclado, al ademán de la conversación, al secreto de la caricia, tengo las manos atrofiadas. Manos de pianista, se dice. La garra de la selva ha conseguido tensar los arcos de la música, y las manos van pasando lentamente de la luz a la sombra, o de la sombra a la luz, de la selva al salón, de la cacería a la cultura, del crimen al poema. Hemos echo toda la cultura con manos de asesino. Para coger la pluma a la mano le sobran dedos y al hombre le sobra la mano.
Las manos juegan en el amor. Son importantes. Las manos tienen un código, hablan en el amor y actúan. Las manos, en el amor, son aves, y los pies son piedras. Es muy fácil que la mano se torne garra sobre el cuerpo de una mujer. Ir a la mujer con manos de pianista mejor que con manos de ladrón. Que la mujer no se sienta saqueada, sino templada, pulsada, afinada.
Nada descubre nuestro cuerpo, lo inventa, lo crea, como las manos de una mujer. El incurable protagonismo masculino ha echo un tópico y un mito de la mano del hombre poseyendo el cuerpo de la mujer. Pero la mujer también sabe y puede y quiere descubrir al hombre, crearlo con sus manos. Unas manos de mujer me dan la medida de mi vida, la dimensión de mi pecho, la realidad de mi cuerpo, el contorno de mi mente. El propio cuerpo es una nebulosa hasta que las manos de una mujer lo crean, lo modelan, lo definen, lo concretan. El cuerpo flota y unas manos de mujer le dan realidad. Asimismo, yo puedo ir creando un ser con mis manos, con mis caricias. Ella no tenía conciencia de sí hasta que yo no la he acariciado.
Las manos, en el amor, son creadoras. Envidiamos al hombre que realmente crea con sus manos, y la única creatividad de nuestras manos mentalizadas está en el amor, en el sexo, en el contacto. La mano asesina se hace mano creadora y liberadora cuando un cuerpo se revuelve y despierta bajo ella. La mano, hacha, arma y herramienta, mi mano, tiene días de paloma, días de mano de Dios y días de garra, que es cuando la escondo y me las lavo mucho, por borrarles la sangre de no sé que crimen remoto o futuro de la especie.
Mortal y Rosa Francisco Umbral
Viernes, 20 de Mayo de 2005 14:07
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Autor: Mariadel
Mi piel ha vuelto a erizarse como la primera vez que lo leí... Que puedo decir que tú no sepas... sencillamente maravilloso ;)
Fecha: 20/05/2005 14:39.
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Autor: carmelo
Umbral es uno de los grandes (es mas grande de lo que parece y eso lo ira diciendo el tiempo) y Mortal y rosa quiza sea su mejor libro.
Por cierto, gracias por el enlace. Un abrazo.
Por cierto, gracias por el enlace. Un abrazo.
Fecha: 24/05/2005 02:48.




